Recién llegada de vacaciones y con la sensación de que han pasado volando vengo a hablaros de lo necesario, no de las vacaciones en sí, sino de vivirlas como un estado mental. Y ahora sí, con las pilas cargadas para lo que la vida quiera traer en los próximos meses, empezamos nueva etapa.

Vacaciones hay de muchos tipos, cada uno lo vive a su manera. Hay vacaciones en la que te dedicas a hacer cosas excepcionales (crucero, ir al caribe,… ) y hay otras, en las que hacemos las cosas ordinarias divertidas. Ir de camping es un buen ejemplo de este segundo tipo, algo que llevo haciendo desde hace más de 10 años y lo que para mí son, las verdaderas vacaciones.

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Perderse en el norte de España es una opción asegurada (sin despreciar al sur, al este ni al oeste) pero yo de camping, en verano,  me voy para el norte. Este año ha tocado Galicia, el Camping Bayona Playa en la zona de Rías Bajas y ha sido, una auténtica maravilla.

Parar, mirar y sentir se nos olvida en el día a día. 

No todos tenemos la gran suerte de vivir cerca de un paisaje impresionante y tener, en nuestro día a día, un recorrido hacía el trabajo que nos deje con la boca abierta.

El problema no solo está que en lo que hay, si no en cómo se percibe y siente. Parece que estamos anestesiados a emocionarnos, sí lo hacemos ante las catástrofes, injusticias pero ¿qué hay de emocionarnos con lo que nos hace sentir bien?

Estas vacaciones he salido a hacer ejercicio bueno, caminatas viendo despertar la mañana rodeada de paisajes que me han emocionado hasta conseguir, saltar las lágrimas. Cuando se está cerca de lo que parece que acaba, tener el paisaje de observar el infinito es una gozada. Mirar hacía el mar, dejar de ver y entonces, imaginar…Es un buen momento, coge aire, retén esa imagen en tú mente y en cómo te hace sentir. Es un instante tan valioso del que no somos conscientes ya que no paramos, no miramos y no sentimos

¿Invertir en experiencias o en relaciones?

El aquí y el ahora es real, que dulce baile

Plantar la tienda, poner la silla y estar.

Soy de esas personas que en vacaciones consigue no saber en qué día de la semana se encuentra. Durante esos días, apago el móvil antes de dormir como antaño. No quiero que ningún tipo de aviso o alerta interrumpa el gran momento de meterme en la tienda, taparme, cerrar los ojos y centrarme en el sonido de las hojas bailando con el mar de fondo…¡¿qué más se puede pedir?!

Despertarse con el sonido de los pájaros y el murmullo de las gentes que comienza el día tranquilo, el olor a café, …

Sentarme a leer, levantar la mirada y verme rodeada de árboles con un fondo de montañas…así se complicaba la vuelta a la lectura. Conseguir dejar la mente en blanco y disfrutar ese momento.

Y como no, estábamos en Galicia y la lluvia estuvo presente, mas bien diría que en un mismo día pasábamos por las cuatro estaciones…¡Galicia, is different!

Pero claro, después de la tempestad llega la calma y apareció un arcoiris al que solo le faltaban los osos amorosos . Otro momentazo.

A  las pocas horas ya estaba cayendo la del pulpo. En la tienda de campaña una tormenta se vive de otra manera pero he de reconocer, que siempre planifico en silencio, la estrategia para ir al coche si la cosa se complica. Vivo mi aventura

Quiero dar la vuelta al mundo

En vacaciones, ¡fluye, fluye, fluyeeeeeeee!

Las necesidades y prioridades cambian esa semana. Las rutinas se alteran, queriendo que así sea y con una adaptación tan natural que a veces, sorprende. De una u otra manera, cuando vamos de camping, es la naturaleza la que marca mis ritmos y teniendo entornos tan bonitos, la adaptación es una maravilla.

Los planes se amoldan al momento, saliendo diseños que parecen estar tiempo macerándose. Que si hoy nos quedamos y pasamos el día en el camping, que te haces con una caña de pescar y a pasar alguna tarde de pesca y hasta hemos aprovechado en Galicia para hacer el pasaporte a nuestro peque y, sin saberlo, elegimos un pueblo precioso (Tui).

El turismo gastronómico es uno de los tantos motivos que tengo para viajar,pero uno de los importantes eh?.

Era inevitable en Galicia una mariscada con albariño, no hacerlo  hubiera sido una falta de respeto.  También hubo día de la tortilla de patatas y sus secretos  (muchas gracias Jose).

Pero esto no acaba ahí: cena de chuletón en barbacoa improvisada que generó alerta en algún vecino (todo era seguro),  los bocatas de jamón serrano en las Islas Cies y espaguetis en el camping gas, tienen su puntito.

Qué decir de que las necesidades, salir a las 5 de la mañana de la tienda para poder ir al baño…de primeras no resulta agradable pero notar el fresquito, ver cielo abierto y respirar. Olvidarte del lavavajillas e ir cargada a los fregaderos, llenarte de agua al acabar la tarea y hablar con el vecino de pila sobre el tiempo o de dónde vienen…

Después de cada camping siempre vuelvo con la cabeza llena de ideas para mejorar el siguiente. No vuelvo renegando de las incomodidades y ni anhelando lo bien que se está en casa, de hecho, cuando vuelvo echo de menos el espacio de salir de la tienda y tener el comedor sin paredes.

Mirar si las necesidades cambian, que una mejora para el próximo año es hacerme con una carro para poder trasportar el friegue…si es que no hay nada mejor como hacerse la vida cómoda ante la incomodidad subjetiva.

Moitas grazas galicia. Para quienes os queden vacaciones disfrutarlas y a los que no, buena vuelta a casa.

Que aprendí de cambiar mi vida cuando creía que ya estaba hecha

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Actualmente, compagino la atención psicológica en la Asociación Alcohólicos Rehabilitados de Albacete con la atención psicológica en terapia individual. Utilizar las herramientas que nos permite la tecnología para realizar mejores intervenciones terapeúticas es uno de mis objetivos.

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