Entre los sucesos vitales más traumáticos que una persona puede pasar, sin duda, la pérdida de un ser querido es uno de los más importantes. Sobrellevar la muerte de una pareja, hermano, padre o hijo podría ser uno de los mayores retos que podemos enfrentar y llega a causar un dolor profundo. Podemos ver la pérdida como una parte natural de la vida, pero aun así nos pueden embargar el dolor y la confusión.

Pero… ¿reaccionamos todos igual?, ¿hay algo dentro de nosotros que influye en cómo nos enfrentamos a estas pérdidas?. Indudablemente el contexto, las circunstancias de la pérdida y el apoyo social van a tener un papel importante, pero… hay muchas personas, más de las que nos pensamos, que son capaces de adaptarse a las experiencias de pérdida, sin que se vea tan afectada su vida cotidiana. Son las llamadas personas resilientes.

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¿Qué es la resiliencia?

El término “resiliencia” hace referencia a la capacidad del ser humano para reponerse de las adversidades y salir fortalecido de ellas.
La resiliencia no es una característica absoluta ni se adquiere para siempre. Es una capacidad que resulta de la interacción de la persona con su entorno.

¿Qué factores promueven la resiliencia?

  • La seguridad en uno mismo y en la propia capacidad de afrontamiento.
  • El apoyo social.
  • Tener un propósito significativo en la vida.
  • Creer que uno puede influir en lo que le sucede a su alrededor.
  • Creer que se puede aprender de las experiencias positivas y también de las negativas.

La investigación ha demostrado que las personas resilientes conciben y afrontan la vida de un modo más optimista, entusiasta y enérgico; son personas curiosas y abiertas a nuevas experiencias, caracterizadas por altos niveles de emocionalidad positiva.

Los sentimientos en un proceso de duelo

Aspectos a trabajar por las personas resilientes para salir fortalecidos de su pérdida:

1º Reescribir los esquemas vitales

El duelo es una crisis vital importantísima y se caracteriza fundamentalmente por tambalear las bases que sustentan la vida interior de la persona. El duelo no sólo consiste en atender la ausencia de quien ha fallecido, también es todo lo que se añade alrededor de la pérdida de un ser querido

Se trata de revisar nuestros esquemas vitales (es decir, la forma en que entendemos la vida y el mundo) a raíz de la muerte de un ser querido. Esto permite que, una vez el dolor haya disminuido, la persona en duelo pueda reordenar sus valores, observar su vida, sus relaciones y a sí mismo. A partir de ahí comienza un trabajo interno encaminado a responder una pregunta que marcará el camino del trabajo personal: ¿Cómo quiero vivir mi vida a partir de ahora?

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2º El crecimiento personal durante el duelo

Para comenzar este proceso de superar la pérdida de un ser querido es necesario que el dolor haya disminuido y que el doliente pueda repasar lo ocurrido con una mayor serenidad. Desde esa posición se puede observar el duelo desde fuera. Sólo así se puede tener una perspectiva global de lo ocurrido, de la relación con el fallecido, de sí mismo, etc.

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Con esa actitud de observación y aceptación es como si la persona pudiera acceder a una revisión más interna de su vida. Independientemente del trabajo personal que decida o no emprender, hay un conjunto de cambios a nivel profundo que suelen darse en las personas que han elaborado un duelo.

3º Empatía y fortalecimiento tras el duelo

El hecho de haber estado en contacto con el dolor más profundo y haberlo elaborado nos hace más sensibles al de los demás.
Por esta razón, cuando las personas sienten que han curado una herida emocional muy profunda relacionada con una pérdida de un ser querido o un trauma, a menudo desarrollan la necesidad de hacer algo por los demás. En este sentido, el agradecimiento y la ayuda al otro que sufre le permiten dar un sentido a su dolor y, por tanto, redunda en una sanación más integral y profunda que lleva al fortalecimiento de la persona tras la experiencia de sufrimiento intenso.

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Somos protagonistas activos de los procesos de elaboración de nuestras pérdidas. Es en las circunstancias adversas donde encontramos nuestra fortaleza interior y desarrollamos recursos de afrontamiento para afrontar la pérdida. Somos mucho más fuertes y resistentes de lo que nos pensamos y sólo el hecho de creerlo ya es un punto de partida en nuestro camino de superación del duelo.

¿Qué os parece, os consideráis una persona resiliente? ¿Habéis conseguido salir fortalecidos tras sufrir una pérdida significativa?

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Marta Rodríguez Martínez
He trabajado en ámbitos sociales diferentes: jóvenes, mayores, discapacitados… sin embargo mi formación y preferencias siempre han ido encaminadas hacia el desarrollo de la psicoterapia donde me siento más satisfecha y realizada porque es lo que realmente más me gusta.