La ballena azul es un fenómeno está acaparando las primeras planas de telediarios y medios de comunicación estos últimos meses.

Se trata de la macabra moda que desemboca en suicidios de jóvenes adolescentes siguiendo juegos y rituales a través de las redes sociales.

Todos conocemos algún reto o acción promovida incluso por figuras del deporte o de la música que automáticamente se ha imitado y difundido por las redes consiguiendo niveles de repercusión sin precedentes.

Retos virales que encontramos por la red

El problema es que ahora la moda es otra.

Estos juegos, por llamarlos de alguna manera, incitan a sus usuarios o bien a suicidarse o bien a realizar conductas que ponen en riesgo sus propias vidas o las de los que les rodean.

A veces con conocimiento de causa y en otras ocasiones estos juegos aprovechan la ignorancia de los más pequeños para llevar a cabo su fin.

Recientemente se habla mucho del juego conocido como la ballena azul, un ejemplo básico de este tipo de barbaridades que sin ser tan reciente como pudiera parecer es ahora cuando se están viendo sus consecuencias,  y también es ahora cuando está llegando a nuestro país.

El rasgo más significativo de estos juegos es que en algún momento se convierten en virales y se expanden por la red de manera que resulta muy difícil ponerles freno.

La ballena azul, el hada azul o el ahorcadito

La ballena azul, el hada de luz o el ahorcadito, son algunos ejemplos de estos juegos destructivos que en algún momento se han hecho virales y de los que hemos tenido que sufrir sus consecuencias.

El famoso juego de la ballena azul reta a sus jugadores a que vayan realizando una serie de hitos (incluyendo lesiones severas) para llegar al fin máximo de quitarse la vida saltando desde un edificio.

Especialmente macabro es el llamado juego del hada de luz, que incita a los más pequeños de la casa  a dejar el gas abierto mientras todos en la casa duermen con la promesa de que a la mañana siguiente el niño se convertirá en un hada de luz.

Al parecer estas hadas de luz aparecen en una serie de gran repercusión infantil y el ideólogo de este juego se aprovecha de la ignorancia de estos infantes para destruir sus vidas por completo.

Pero, ¿Qué estamos haciendo mal para que todo esto siga ocurriendo?

En primer lugar, el principal problema con el que nos encontramos es que la legislación que debe preocuparse de este tipo de delitos no está lo suficientemente preparada para abordar esta problemática con celeridad.

Muchas veces no se sabe ciertamente a quién se persigue, incluso la persona que crea el juego reside en un país distinto del lugar donde el servidor que aloja el juego se encuentra ubicado.

Cierto es que el mundo de las redes sociales evoluciona con más velocidad de la que lo hacen las leyes internacionales y que como podemos apreciar en muchas ocasiones la justicia debe adaptarse de manera improvisada a las nuevas demandas que aparecen derivadas del mundo virtual.

La vida en facebook, twitter y otras redes sociales

Al final siempre acabamos hablando de educación

ballena azulPor otro lado y quizás más importante, está el hecho de la educación que les proporcionamos a nuestros hijos.

Es importante observar posibles signos de alerta:

  • muchas horas delante del ordenador o con el teléfono móvil,
  • aislamiento social,
  • baja autoestima,
  • Formar parte de algún colectivo vulnerable

Conocer que páginas frecuentan nuestros hijos

Es importante conocer que hacen nuestros hijos cuando navegan por internet puede sernos de gran ayuda (aquí nos encontramos con el dilema de la privacidad).

Pero sobre todo procurar que nuestros hijos desarrollen una personalidad propia, fuerte, que les sirva de escudo frente a este tipo de amenazas.

Dotar a nuestros hijos de un sentido crítico, que sean capaces de darse cuenta que un fenómeno como este sólo tiene cabida en una sociedad que tiene problemas y que precisamente se aprovecha de la vulnerabilidad de quien tiene algún tipo de carencia para cumplir su siniestra misión.

Al fin y al cabo la ballena azul y los juegos similares no son un problema de internet, sino de de la sociedad que estamos construyendo.

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Diego García García
Licenciado en Psicología por la Universidad de Murcia, he enfocado mi carrera en el ámbito educativo y social. Especialista en psicología aplicada al deporte y psicología infantil
Diego García García

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