Existe un anhelo en las personas por lograr controlar los pensamientos.

Un sueño por dirigir a nuestro antojo ese parloteo interior que denominamos pensamientos.

Pero ¿Es posible hacer esto?

¿Somos capaces de elegir si tenemos pensamientos agradables o desagradables?

¿Podemos decidir qué pensamientos tenemos?

¿Es posible no tener pensamientos?

Un ejemplo para comenzar

Imaginemos que una chica a la que llamaremos Nora, tiene un pensamiento que la atormenta durante los ultimos 3 meses; “nunca nadie va a confiar en mi, no voy poder encontrar un trabajo”.

Ese día Nora va de cena con sus amigos y amigas. Cuando se sienta con ellos/as la observan abatida. Rápidamente Carlos, uno de sus mejores amigos, le pregunta: “pasa algo Nora, te noto extraña”.

Nora se siente en confianza y relata su pensamiento.

Carlos, rápidamente y en un intento de trasladar la ayuda más eficaz a su amiga le dice: “tienes que olvidarte de eso, no lo pienses, intenta no pensarlo, verás cómo consigues un empleo dentro de nada”.

Nora, pensativa, duda unos instantes y dice: eso intento no pensar en ello, bueno contadme que tal vuestro día”.

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Que ocurre cuando te propones controlar los pensamientos

Intentas evitar que aparezca luego le prestas atención

Imagina que eres Nora, y te propones no pensar en esto ““nunca nadie me va a confiar en mi, no voy poder encontrar un trabajo””.

controlar los pensamientos

Durante toda la cena puedes intentarlo, lo primero que ocurre cuando intentas no pensar en un determinado pensamiento es que le prestas mayor atención.

Es decir, te focalizas en trabajar con ese pensamiento, cómo si fuese algo tienes que eliminar de tu conciencia.

La percepción de amenaza incrementa la percepción peligro

Cuando la atención se focaliza en un determinado pensamiento, se activa una determinada respuesta emocional, ante la que pueden surgir más pensamientos que versen sobre las propias sensaciones físicas.

la percepción de amenaza

A su vez las sensaciones físicas provocadas cómo puede ser opresión del abdomen, dificultad para respirar o aumento de las palpitaciones, pueden hacernos valorar de una forma especial los pensamientos asociados. Se señalan cómo amezantes.

Ansiedad: Reacción física del cuerpo ante pensamientos y emociones

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Pierdes otros estímulos que te harían cuestionarte tu pensamiento

Al estar concentrados en que no aparezca el pensamiento indeseado, se deja de prestar atención a aspectos del ambiente que podrían modificar nuestro punto de vista.

La focalización en el pensamiento, que se pretende evitar, termina por provocar que aquellos aspectos del ambiente que  podrían influir a Nora a cambiar de perspectiva, no lo hagan.

Una forma más adecuada de relacionarse con pensamientos molestos

Aceptar los pensamiento y emociones molestas

Implica reconocer el pensamiento o emoción que resultan incomodos, cómo un pensamiento/emoción más, sin intentar eliminarlos.

El hecho de que se considere un pensamiento/emoción más, no impide que siga siendo molesto pero implica algunos cambios.

Veremos esos cambios en el siguiente apartado.

¿ Qué son las emociones? ¿Para qué sirve lo que siento?

La utilidad de aceptar los pensamientos y emociones que producen incomodidad

La aceptación de los pensamientos /emociones que producen incomodidad,  puede resultar muy útil.

En un primer lugar, permite comprobar que el hecho de que una determinada emoción y pensamiento molestos estén presentes, no impide que se puedan producir otros pensamientos /emociones fruto del contacto con el medio que resulten satisfactorios.

En segundo lugar, al no actuar sobre el pensamiento, la reactividad ante este, se ve reducida, por lo que se empieza a experimentar cómo incomodo pero tolerable. Es decir, es molesto tener ese pensamiento/emoción, pero pasa a ser tolerable.

En tercer lugar, puesto que la atención no está focalizada en no pensar/no sentir, puedes empezar a observar esas sensaciones o esos pensamientos, desde una menor vinculación con estos.

De forma que es más fácil que empieces a percibir nueva información, a sentir sensaciones diferentes y observar otros pensamientos o matices en los propios pensamientos anteriores.

Esta disminución progresiva de la vinculación con un pensamiento, es conocida cómo defusión, desde la terapia de aceptación a compromiso.

La metáfora del invitado indeseado

Puedes leer, ver o escuchar la metáfora del invitado indeseado en este otro post:

La metáfora del invitado indeseado

Esta metáfora te puede ayudar a comprender desde otra perspectiva lo que ocurre cuando intentamos controlar nuestros pensamientos.

Hemos llegado al final, como siempre puedes compartir este post con quien tu quieras, así como hacernos llegar vuestras dudas, sugerencias, opiniones en los comentarios.

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Alberto Ruano

Psicólogo, apasionado de mi trabajo, curioso por naturaleza, me encanta conectar unas ideas con otras. Mi principal interés es aprender cada día nuevos recursos para ayudar a las personas a dar el paso que desean. En este blog, hablo sobre la vida y toda la psicología que hay en ella.

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