Es bastante conocida la polémica que hay a la hora de educar entre dos extremos, en los que unos consideran que sin un azote como castigo es imposible educar y, otros, en contra de ello.

En líneas generales, los primeros, ven a los segundos como padres y madres permisivos con hijos e hijas malcriados y consentidos. Y, para los segundos, ven padres y madres autoritarios con hijos e hijas cuyas conductas se basan en el miedo.

Personalmente, quisiera decir que no dar un azote a modo de castigo signifique no poner límites, ni tampoco tener niños y niñas sin disciplina, ya que el objetivo de la disciplina es enseñar y no creo que la violencia (ni física ni verbal), enseñe nada.

El 20 de Enero fui a una ponencia del juez de menores Emilio Calatayud. Coincido en numerosas cosas con él como por ejemplo, la importancia de que vuelvan a marcar la edad de entrada al instituto como estaba anteriormente y no a los 12 años, en que los niños y las niñas deberían tener consecuencias acordes a sus actos y en función de su edad, en lo dañino que es la sobreprotección para el futuro de esos niños y niñas,… pero todo esto son temas diferentes. En lo que respecta al azote (con este tipo de castigo englobo cachete, bofetada, dar con la zapatilla,…), Emilio comentó: “Que me expliquen a mi cómo se puede educar sin un cachete”, aunque dejó claro que esos temas los dejaba en manos de psicólogos porque él lo que sabe es cómo se pueden convertir en delincuentes (su famoso Decálogo para formar a un delincuente). Yo educo sin cachetes y poniendo límites (repito que no es incompatible)  y estaría encantada de tomarme un café con él para explicárselo.

No todos los papás y mamás que deciden no hacer uso de la violencia como castigo son permisivos, aunque si es cierto que también los hay (a este tema volveré en otra ocasión).

Ya que existen tantísimos artículos que nos explican las consecuencias de los azotes, he decidido escribir este artículo de manera distinta. Me gustaría que tomases 5 minutos para contestarte a cada reflexión que exponga y ser quien escriba el final del artículo.

Cuando los niños y niñas reciben un cachete (a modo de advertencia o castigo, no con la intención de hacerles daño), porque se han portado mal (han gritado, roto algo, pegado a la hermana o hermano,…), consideran que es normal que les pase, y lo conciben como un “castigo merecido”. Veamos ahora distintas situaciones:

  • Un niño que se ha chocado con otro en la fila del cole recibe una patada por no estar pendiente (como cuando se derrama la leche en casa), ¿es merecido?
  • Tu hija, hace algo que le molesta mucho a tu pareja siendo consciente de ello, ¿qué “castigo físico merecido” crees que sería más apropiado que tu pareja le hiciera a tu hija?
  • Si en clase tu hijo no para de molestar, el profesor intenta por todos los medios que cese con su conducta (sin éxito ninguno), y termina haciendo uso de la violencia merecida (por ejemplo una bofetada), ¿lo consideras necesario?
  • Si tu hijo o hija tiene 25 años y hace algo que consideras que no debía haber hecho, ¿le das un azote?

DEBES SER EL CAMBIO QUE DESEAS VER EN EL MUNDO” Gandhi

 

Hay muchos casos de bullying en los que no se defienden porque lo consideran apropiado, muchos  agresores que por llevar la indefensión metida dentro de ellos  no saben cómo sacarla y lo hacen en forma de ataque contra otros que consideran más débiles, muchos casos de violencia de género en los que unos quieren llevar “la voz cantante” como sus papás y otros que son víctimas de algo que es merecido y tienen que aguantar…

No pretendo dar a entender que si unos padres, para imponer un castigo, dan un azote a un hijo o hija se conviertan necesariamente en víctimas o agresores, sino dar a entender que la violencia NUNCA puede ser excusada y merecida.

¿Por qué yo sí y otros no (su maestra por ejemplo)?       

¿Por qué yo sí como madre y no como psicóloga?         

¿Por qué cuando son “peques” sí y cuando crecen ya no?: Porque ¿son indefensos? o porque ¿no entienden?…

Para la típica contestación que parece estar de moda: “A mí me lo hicieron y no tengo ningún trauma”, de lo que me alegro muchísimo, y  vuelvo a recalcar que no siempre es una relación directa, ni que te conviertas en agresor o en víctima, me gustaría plantearte: “¿Crees que es necesario un azote para que entiendas, por ejemplo,  que no debes gritar o insultar a tus padres? ¿Crees que hubieras tenido una infancia un poco más feliz sin ese tipo de castigo? ¿Te gustaría que a tu hijo, nieta, sobrino,… le dieran con la regla los maestros cuando no lleva los deberes hechos y les digan lo inútiles que son?”

Para otra contestación que se da a menudo: “Siempre lo he hecho así, ya no lo voy a cambiar”, te propongo pensar en todas las cosas que has cambiado y antes no las hacías. Siempre es buen momento, ¡yo me incluyo la primera en tener algunas contestaciones que no me gustan con mis hijos!, a lo que no dudo ni un minuto en pedirles perdón y que entiendan que tienen una madre vulnerable, que se equivoca y que no siendo perfecta lo hace lo mejor posible reconociendo mis errores y aceptando mis consecuencias.

  • Imagínate ahora en tu trabajo cometiendo un error. Tu jefe o jefa para enseñarte que así no se hace te pega, ¿qué aprendes? NADA. El único aprendizaje sería que la próxima vez intentarás que no se entere.

Como consecuencia tenemos adolescentes desorientados, convirtiéndose en dos personas distintas según si están en casa o fuera. Si de pequeño por romper algo le pegaron y aprendieron a meter los trocitos debajo de la alfombra, ahora con un problema mayor, ¿cómo lo van a contar?

Aceptemos las consecuencias, ¿lo rompiste? Intenta arreglarlo y tener más cuidado la próxima vez, ¿no se puede arreglar?, tendrás que comprar uno,…

Enseñemos a solucionar, a aceptar las consecuencias, a ser responsables,…

¿Quieres un mundo sin violencia? Empieza desde casa, empezando todos juntos lo lograremos, porque cada pequeña personita de hoy será una parte importante del mañana ¡SON EL FUTURO!

Me encantaría lograr que alguien reflexione, ¡espero impaciente vuestros comentarios!

“A VECES SENTIMOS QUE LO QUE HACEMOS ES TAN SOLO UNA GOTA EN EL MAR,

PERO EL MAR SERÍA MENOS SI LE FALTARA ESA GOTA” Teresa de Calcuta

Porque las ganas siempre pueden, ¿empezamos hoy?

EL EJEMPLO TIENE MÁS FUERZA QUE LAS REGLAS” Nikolái V. Gógol

Para concluir quiero compartir una experiencia en un taller de 5 niños de 4/5 años:

  • Pepito: Hoy me siento triste porque mi papá me ha dado un tortazo.
  • Fulanito con cara de asombro: Haalaaaa
  • Pepito sintiéndose atacado e incomprendido: Tú también te sentirías así
  • Fulanito: ¡A mí, mis padres nunca me han pegado!

 

ESTE ARTÍCULO LO FIRMA UNA PEQUEÑA GOTA DEL MAR

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Cristina Hermosa

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