Yo soy responsable de lo que pienso, siento y hago.

El otro es responsable de lo que piensa, siente y hace. Si este fuera nuestro punto de partida, la convivencia con nosotros mismos y las relaciones interpersonales mantenidas, serían más satisfactorias.

Cuando intentamos definirnos, hablar de nuestro autoconcepto y nuestras autoestima, de aquello que creemos conocer de nosotros, nos vemos orientados a etiquetarnos con pocas características, en una única dirección.

Si somos tímidos cuando conocemos a gente nueva, parece que no podemos ser extrovertidos en otros ambientes más habituales para nosotros.

Tenemos la tendencia a etiquetarnos en una u otra dirección, por ejemplo si en un pasado hice algo que estuvo mal, ya soy una mala persona para el resto de los tiempos sin importar lo que se esté haciendo ahora, esto ya no cuenta para la autovaloración de uno mismo.

Culturalmente, se nos ha enseñado desde niños lo bueno que es compartir, ayudar, ser educados, estudiar, escuchar, perdonar, respetar, no mentir, hacer feliz a los demás, ahorrar para el mañana,…un sinfín de normas que hemos convertido de obligado cumplimiento reportándonos un sentimiento de culpabilidad si, en algún momento, nos las hemos saltado, y marcando de forma considerable la valoración que tenemos de nosotros mismos.

Le hemos dado moralidad a casi todo lo que hacemos.

Las cosas ocurren por que las circunstancias son las que son en un momento dado. Recuerda lo que pensabas cuando tenías 15 años; tus preocupaciones de ayer no tienen nada que ver con las de ahora porque tus circunstancias han cambiado, tú has cambiado. Recuerda lo mal que lo pasaste en una ruptura sentimental o en el enfado con algún amigo, parecía que se acababa el mundo, pero ahora te sientes más reconfortado e incluso ni te acuerdas de los malos momentos pasados.

El tiempo pasa, pero no es el tiempo el que pone las cosas en su sitio, el que te reconfortas eres tú, usando ese tiempo en la dirección más adecuada.

Todo aquello que pensamos o creemos de nosotros mismo nos va a acompañar el resto de nuestras vidas, y va a marcar quienes somos, como nos relacionamos, lo que queremos, influyendo todo ello en nuestra autoestima.

No podemos basar nuestras autovaloraciones en datos concretos, en decisiones tomadas en un pasado, en acciones que nos confirmaron que habíamos fallado, en proyectos que no se consiguieron, en relaciones que no funcionaron,…todo eso ya ha pasado, toca reinventarse.

Tú eres multitud de cosas

No eres solamente de una manera o te comportas solo en una dirección….mira atrás y recuerda todo lo que has pensado, sentido y hecho. Tu vida no está llena de pensamientos y emociones negativas, de errores y fracasos, hay mucho más positivo en tu pasado y en tu presente, solo tienes que cambiar el enfoque. Deja de prestar atención a aquello que te hace sentir mal, mira en otra dirección hacia ti mismo.

Si quieres conocer más sobre autoestima y autoconcepto

Como mejorar tu autoestima en tres pasos

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Actualmente, compagino la atención psicológica en la Asociación Alcohólicos Rehabilitados de Albacete con la atención psicológica en terapia individual. Utilizar las herramientas que nos permite la tecnología para realizar mejores intervenciones terapeúticas es uno de mis objetivos.

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