Pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida durmiendo, y parte de ese tiempo soñando.

Lo curioso de los sueños es que cuando te despiertas bruscamente, su recuerdo suele ser bastante nítido. Las emociones que has sentido mientras soñabas siguen a flor de piel y puede ocurrir que te encuentres afectado, buena parte de la mañana. Esa misma noche, al transcurrir el día, el contenido de ese sueño no será más que un efímero recuerdo. Los detalles se difuminan y lo sentido se apacigua.

¿Para qué sirve entonces soñar?

 Esa es una de las grandes preguntas sin una respuesta concreta. Es un proceso mental tan complejo que no creo que tenga una única función.

Soñamos para liberar el estrés acumulado del día.

  • Soñamos porque nos angustia un problema.
  • Soñamos porque anhelamos algo con mucha intensidad.
  • Soñamos para descargar a nuestro cerebro de la información “desechable”, que almacena a través de nuestros sentidos.
  • Soñamos para superar traumas, rupturas, pérdidas…

 Que todo el mundo sueña es una realidad, pero en el modo de soñar existen semejanzas o generalidades entre personas, y también algunas diferencias.

Semejanzas

  • Solemos recordar mejor aquellos sueños que han tenido un cierto impacto emocional en nosotros. Por eso, las pesadillas producen un recuerdo más vívido. En ocasiones, la mente utiliza este recurso para ayudarnos a afrontar el dolor; por ejemplo, es habitual soñar que la persona que nos ha dejado sigue viva o con nosotros. El choque con la realidad, al despertar del sueño, ayuda a superar la fase de negación ante una pérdida.
  • El contenido onírico tiene un alto grado de simbolismo. A veces soñamos que se nos caen los dientes (por ejemplo) y el significado del sueño hay que buscarlo en nuestro nivel de ansiedad y no en nuestra salud bucodental. Eso no quiere decir que siempre que sueñas con eso, signifique que estás agobiado; puede ser que te duela una muela, que mañana tengas cita con el dentista o nada de todo esto.
  • Cuando soñamos una historia, ésta parece factible. En cambio, cuando se lo contamos a alguien, empiezan a surgir los sinsentidos propios de los sueños. Quién no se ha descubierto alguna vez diciendo: “estaba soñando con mi hermano, pero luego se convertía en mi primo y estábamos en mi casa, pero no tenía la forma de mi casa…”

Diferencias:

  • Los niños tienden a tener más pesadillas que los adultos. Y más cantidad de sueños en una noche (o los recuerdan mejor).
  • Algunas personas sueñan en color mientras que otras lo hacen en “blanco y negro”.
  • Unos sueñan a través de imágenes y sensaciones, y otros manteniendo largas conversaciones o diálogos.
  • Hay quien dice que no recuerda los sueños y quien se los apunta a diario en una libreta

En definitiva, podría escribir largo y tendido sobre este tema que me apasiona. Me considero una gran soñadora y disfruto tanto durmiendo como soñando. No puedo más que maravillarme de este desconocido mundo y ofreceros una breve reflexión final para este artículo:

El Homo Sapiens ha pasado de ser el “simple hombre de las cavernas”, hace miles de años, al cibernauta de nuestros días.

El gruñido dio paso a la palabra, la palabra a la escritura y los ruidos a la música. Las pinturas rupestres se transformaron en “Giocondas” y las canoas en cohetes. Y lo único que no ha variado en todo este tiempo de existencia, es la capacidad de soñar. Por todo ello, creo que no me equivoco cuando me atrevo a afirmar, que mucho antes de producirse los grandes hitos de nuestra Historia, había primero alguien, durmiendo, que los soñaba.

¿Cuáles son tus sueños recurrentes? Cuentánoslo en los comentarios, en facebook o  twitter

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.