Durante la adolescencia, no son pocos los jóvenes con este perfil: malas notas, repetición de curso, falta de motivación y carencia de expectativas académico-profesionales. Chicos que no quieren estudiar.

 Situación: Mi hijo no quiere estudiar

 Es esta una de las quejas más frecuentes de algunos padres que he atendido durante los últimos años. Los padres se desesperan ante esta actitud y suelen cometer el error de seguir reforzando las conductas de pasividad de sus hijos sin darse cuenta.

A continuación exponemos 3 factorres que pueden contribuir al mantenimiento de estas conductas y alargar el problema en el tiempo:

1 No darle la suficiente importancia al primer suspenso.

Como hemos dicho ya en otros artículos, el adolescente tiende a tener poca autocrítica y ante un examen no superado le echará la culpa a todo el mundo antes que a su propia falta de esfuerzo. Si caemos en la tentación de justificarle le estamos ofreciendo ese “clavo ardiendo” al que se sujetará la próxima vez que esto ocurra.

En vez de compadecernos de él, tendremos que brindarle la oportunidad de que nos explique (desde la objetividad) qué ha ocurrido con esta asignatura. Tendremos que plantear con él un plan de estudio alternativo (pues un suspenso indica que algo no ha ido bien) y deberemos mantener el control y seguimiento de dicho plan. Los padres supervisaremos la tarea de estudio de nuestros hijos y tendremos que asegurarnos que los deberes se hacen a diario, los trabajos se entregan a tiempo y las lecciones se llevan aprendidas al examen.

¿Y si estoy ausente durante el horario de estudio de mi hijo (trabajo, obligaciones varias… etc)?

Debemos encontrar el tiempo y espacio una vez que lleguemos a casa para revisar el trabajo realizado por él durante la tarde: mirar libros y libretas, comprobar que se han realizado todos los ejercicios escritos en la agenda o si ha tenido dificultades en alguna de las tareas.

La Clave: Constancia

2. Los premios a las conductas no deseadas.

Durante la niñez y adolescencia, cuando le regalamos algo a nuestro hijo, le damos dinero o le dejamos salir o jugar al ordenador, estamos utilizando potentes reforzadores de conducta.

¿Qué es un reforzador?

Es un estímulo que se asocia a una situación y provoca que repitamos aquella conducta que nos llevó a alcanzarlo. Los premios o regalos deberían asociarse SIEMPRE al trabajo bien realizado y no a la falta del mismo. Me explico con un ejemplo:

Los adultos trabajamos por dinero. Nuestro sueldo es el premio al trabajo realizado durante un período de tiempo. Si un día no voy a trabajar porque me quedo haciendo el vago en mi casa, ese día no cobro. Si además, a mi me pagaran cada vez que me quedo en casa ¿Iría entonces a trabajar?

En la adolescencia, hay padres que no encuentran los reforzadores adecuados porque piensan que su hijo “lo tiene todo” y no desea nada en concreto. No pueden estar más equivocados. Por suerte, sólo tienen que esperar a que su hijo les pida algo: un móvil nuevo, dinero, llegar una hora más tarde, ir a casa de un amigo, ir a jugar un partido, unos pantalones nuevos… hay infinidad de posibles premios con los que “negociar”.

CONSEJO: los reforzadores sociales son altamente efectivos (por ejemplo, decirle a tu hijo lo contento que estás desde que ha mejorado. Felicitarle)

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3. No hay consecuencias negativas.

Hay padres que nunca castigan y chicos que nunca han oído un NO en casa. Los castigos son otro tipo de reforzadores que, en este caso, ayudarán a extinguir conductas no deseadas. Y como ya dijimos en un artículo anterior, deben ser proporcionales a la conducta-problema y reflexionados con vuestra pareja de antemano (para evitar que os contradigáis entre vosotros respecto a la norma)

Como veis, los premios y los castigos son las 2 caras de una misma moneda y son las herramientas que más nos ayudarán a establecer los límites para vuestro hijo

«si mi hijo no ha estudiado esta tarde, no tendrá derecho a jugar al ordenador esta noche. Si mi hijo ha sacado malas notas otra vez, no le compraré la bici que tanto desea, lo haré cuando sus notas mejoren, en definitiva, cuando se lo haya ganado

Premiar y castigar no es más que enseñarle a tu hijo que su conducta tiene consecuencias y que él es capaz de cambiar si es necesario, está en su mano hacerlo y vosotros le guiaréis con vuestras normas y cariño.

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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