Trabajando de orientadora educativa atendí a muchos padres. En estos años pude comprobar que la mayoría de los asuntos que me remitían tenían características comunes: dificultades con la disciplina de sus hijos, carencia de normas y límites, falta de hábitos de estudio que llevaban asociado un expediente académico deficiente…

Con esta serie de artículos quiero proponeos unas pautas y consejos que espero, os serán de utilidad, pues las situaciones sobre las que reflexionaremos os resultarán familiares a la mayoría de los padres que tenéis un hijo en plena adolescencia.

Evocaremos situaciones cotidianas de la vida familiar durante la adolescencia de los hijos y analizaremos errores, argumentos, excusas y posibles soluciones o alternativas de acción.

Quiero empezar con un tema que considero fundamental de cara a afrontar la educación de un adolescente y es la coherencia educativa entre los padres. Para entrar de lleno en la cuestión os propongo que hagáis un ejercicio de imaginación.

Situación:

 Vuestro hijo de 16 años llega 2 horas tarde a casa. Tú (papá) le castigas “1 mes sin salir”.

Tras una semana de malas caras, reproches y ruegos, tú (mamá) te apiadas de él y le levantas el castigo. El viernes por la noche, papá, compruebas sorprendido que tu hijo se dispone a salir. Al preguntarle, éste rápidamente te contesta: “Mamá me ha dejado”. Cierra la puerta tras de sí y se va.

Análisis: ¿Qué ha aprendido vuestro hijo aquí?

  • Que cuando se pone pesado consigue lo que quiere, por tanto, la próxima vez que lo castiguéis hará exactamente lo mismo que ha hecho esta vez: acudir a mamá con lamentos, porque si ha cedido una vez puede hacerlo una segunda. Lo peor es que repetirá su repertorio de conductas aumentando la intensidad de las mismas si ve que no tiene éxito a la primera.
  • Que la opinión de papá no vale mucho, cuando ni siquiera su “compañera de equipo” la respeta.
  • Que  puede transgredir las normas de casa porque no hay consecuencias. Vuestro hijo salió, llegó 2 horas tarde, os preocupasteis, lo castigasteis y… espera un momento ¿realmente lo castigasteis?

 

Argumentos que me han dado muchos padres para justificar su respuesta ante situaciones similares:

  • Argumento 1: “Consideré que mi marido se había pasado con el tiempo del castigo” 
  • Argumento 2: “No pude aguantar la presión de las malas caras de mi hijo” 
  • Argumento 3: “Es que si no le dejo hacer lo que quiere, mi hijo se pone mucho peor”

 Argumentos hay muchos, pero todos debemos tener claro que:

  • Educar es difícil y durante la adolescencia se complica, la clave debe ser la constancia y coherencia de normas.
  • Los hijos, por desgracia, no vienen con un manual de instrucciones. Cometeremos muchos errores a lo largo de la educación de nuestro hijo, pero debemos tomar los errores como fuente de aprendizaje; e intentar no repetirlos en un futuro.
  • Buscar alternativas y, sobre todo, contar con el apoyo de la pareja. Debéis actuar como un tándem. Vuestro hijo debe percibir que estáis ambos de acuerdo en las decisiones que tomáis con respecto a él.

 Y dicho esto, vamos a pasar a la búsqueda de alternativas:

  •  Para el argumento 1: si no estás de acuerdo con el castigo impuesto por tu pareja, antes de quitarle autoridad, háblalo con él. Déjale clara tu postura y llegad a un acuerdo común ante las normas que queréis establecer. Pactad de antemano las consecuencias que puede tener una transgresión de vuestras normas. Estableced premios y castigos (acordes a las posibles situaciones). Y si alguna vez ocurre que no teníais previsto algo (que pasará seguro, porque no somos adivinos), podéis utilizar la siguiente estrategia: “Manuel, lo que has hecho es muy grave y papá y yo tenemos que pensar en las consecuencias que va a tener tu conducta. Cuando lo hayamos decidido te lo diremos. Mientras, reflexiona sobre lo que has hecho”.
  • Para el argumento 2: los hijos en la adolescencia ya conocen TODOS nuestros puntos débiles, que normalmente están relacionados con ellos (no soporto verlo llorar, tengo miedo de que deje de quererme si le castigo, quiero verle siempre contento…). Aún sin ser conscientes del poder que tienen sobre nosotros, saben jugar sus cartas y tienen claro que una lágrima aquí y un lamento allá provocará que cedamos a sus deseos. Sabiendo esto, y entendiendo que lo hacemos por su bien y por que adquiera una conciencia de las normas que tiene que aceptar, debemos ser firmes en las decisiones que tomemos y hacerle entender que un castigo no supone una retirada de cariño sino una consecuencia negativa a su conducta.
  • Para el argumento 3: si no cedemos la primera vez será más fácil que no aparezcan reacciones exageradas por parte de nuestro hijo. Si ya cedimos una vez la cosa se complica, pero no es imposible rectificar. En el momento que nuestro hijo compruebe que con ninguno de sus repertorios obtiene lo que desea puede perder el control y actuar desde la rabia y la ira. En este momento es cuando debemos ser más firmes que nunca y dejarle claro que sois inflexibles. Que no tiene ninguna opción mejor que aceptar lo que le planteáis. Si actuáis en equipo y os percibe como tal, sois mayoría y terminará cediendo.

 Por último, los adolescentes pueden acudir al drama en situaciones extremas. Si realiza una conducta fuera de lo normal y potencialmente peligrosa para su integridad (o la vuestra) podéis intentar hacer una pausa, intentar disminuir la tensión, calmarlo física y psicológicamente y retomar el tema cuando los ánimos estén más apagados. Pero sin declinar vuestra posición.

Continuará…

S.O.S Adolescencia la vista II

S.O.S Adolescencia la vista III

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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