Este periodo de cuarentena ha sido una gran lección para las familias.

Soy consciente de que es difícil sacar aspectos positivos en muchas ocasiones que se ven unidas al caos, al dolor, al sufrimiento, al miedo,…pero como ya dije en el artículo anterior podemos sacar el tesoro oculto que aparentemente no tienen.

Quiero hacer un breve apunte aquí: somos vulnerables y por ello, más el mensaje que nos da cada emoción, se vale estar triste, preocupado, asustado,…y no hay que tapar esas emociones ni es aconsejable leer una frase de Wonderful  o de autoayuda que tape la emoción porque el primer paso es justo ese, sentirla, además de que en muchas ocasiones se siente también culpabilidad de no lograr esconderla.

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Mi reflexión…

El OBJETIVO de este artículo es sacar un momento de reflexión y compartir las enseñanzas de este periodo, aunque se podría hacer en otro cualquiera, como madre, a las que sumo otras muchas más relacionadas conmigo, personales y laborales.

Muchas veces faltaba tiempo, y al hacer un análisis global descubres que has tenido mucho tiempo y muchos aprendizajes sin ser consciente de ello por no pararte a realizar un pequeño análisis.

Hemos tenido tiempo para compartir en familia y eso ha ayudado a fortalecer la relación familiar: hemos disfrutado de juegos, de inventos, de la creatividad, de conversaciones muy interesantes en las que hemos podido ver el valor de las cosas (salud, higiene, prevención, alimentación, trabajo en equipo, solidaridad, responsabilidad colectiva,…), y también, de valorar pequeños detalles (en mi casa era una gran alegría tener pan del día, conseguir por fin el papel higiénico que empezó a conocerse como el oro, tener cartulinas y demás material para hacer manualidades, inventar juegos como el Monopoly de Albacete, la Oca emocional y la Oca deportiva,…)

Hemos tenido tiempo y muchas más ganas de compartir el cariño, los abrazos, las caricias, los masajes,…

Hemos tenido más tiempo para compartir y comentar películas y series.

Hemos tenido más tiempo para disfrutar del aspecto humorístico, grabando vídeos para la familia y los amigos, haciendo retos divertidos,…

Hemos tenido tiempo para cuidarnos más, practicar deporte, hacer sesión relajante con pepinos en los ojos, mindfulness,…

Hemos tenido tiempo para reflexionar sobre la contaminación y ver cómo ha llegado un respiro a la naturaleza.

Hemos tenido tiempo para sacar a la luz nuevos hobbies, nuevas pasiones que nos mueven a aprender más sobre diversas cosas.

Hemos tenido tiempo para conocernos mejor, cada uno a sí mismo y al resto de la familia trabajando mucho la empatía y la asertividad.

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Y por supuesto hemos tenido tiempo para ver cosas que no nos gustan. Esto es una gran lección ya que solo si somos conscientes podemos cambiar.

Muchos hogares describen este periodo en familia como algo horroroso, llenos de gritos, rabietas, tensión, oposición, desobediencia, ataques de ira, incremento de los miedos,… Este tiempo también ha servido de lección. No conviene machacarse como madre y padre, con pensamientos negativos o catastróficos, será mucho más beneficioso reflexionar sobre el tema y buscar soluciones.

Cuando alguien se siente culpable por haber gritado a sus hijos o hijas, por no haberle dedicado el tiempo de calidad que quería, la paciencia y la calma que necesitaba, o… ¿de qué sirve victimizarse proyectando una imagen que no corresponde con la realidad? Antes de seguir dilatando el problema o decidir esconderlo, mejor pongámonos manos a la obra y empecemos a buscar soluciones.

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A modo de conclusión

Podemos sacar un hueco y hacer un análisis de nuestro día a día sobre nosotros como progenitores, sobre la relación en familia y por supuesto junto a nuestras hijas e hijos para ayudarles a crecer desarrollando la inteligencia emocional, brindando pautas y herramientas de bienestar personal.

Gracias a la educación emocional nos relacionamos mejor, con nosotros mismos y con los demás, vemos el valor de las cosas,… Resalto de nuevo la importancia de la inteligencia emocional con todo lo que conlleva, una sana autoestima, la gestión emocional, habilidades sociales,…que todo contribuye a personas felices, motivadas, con relaciones óptimas y reconfortables.

Inteligencia emocional desde la infancia

De nuevo me encuentro un incremento del interés que muestran muchas familias en este tema, que piden ayuda sin más dificultades adyacentes, con el objetivo de mejorar la convivencia familiar y ayudar a sus hijos a desarrollar la inteligencia emocional.

Este es el objetivo del artículo, una reflexión que ayude a fortalecer la unión en familia y a esas pequeñas grandes personas que son el futuro y que van a contribuir a un mundo mejor. Por ello, os animo a analizar y a poneros en casa manos a la obra.

Como dice Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”, que en tantas ocasiones he nombrado y regalado, “quien tiene un porqué encuentra un cómo

¡¡¡Gracias a mi hijo y a mi hija por todo lo que me enseñan, la motivación que me dan para seguir encontrando los “cómo” que necesito por todos los  “porqué” que me han regalado, tanto como madre como de psicóloga!!!

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