La hora de ir a dormir o los despertares nocturnos de los más pequeños de la casa pueden resultar un auténtico suplicio para muchos padres. Con este post pretendemos ofreceos algunas pautas y consejos que ayudarán a que el hábito del sueño de vuestro hijo se regule.

Establecer una rutina para ir a dormir

 

1Los niños necesitan sentirse seguros y una de las maneras de conseguirlo es teniendo conocimiento respecto al orden de las actividades que van a desarrollar durante su jornada. Podemos poner una cartulina en su habitación con dibujos o imágenes de las actividades cotidianas que realizará (comida, merienda, baño, juego, ver la televisión, vestirse, irse a dormir…) y le vamos informando antes de hacerlas para que se sitúe en el tiempo. Tened en cuenta que los niños pequeños no tienen una percepción ajustada del mismo y no saben lo que implican los minutos, las horas, o las semanas.

Asimismo podemos hacer una cartulina específica para las acciones previas a la hora de dormir, para que no se queje cuando le apaguemos la tele, le digamos que tiene que ir a la cama o que tiene que dejar sus juguetes. Una propuesta de rutina podría ser la siguiente:

Baño, cena, pipí, ir a la habitación, masajes relajantes con mamá o papá (con luz tenue y música tranquila de fondo), cuento (con el tono de voz bajito y habla calmada), apagamos la luz, beso de buenas noches y despedida.

Es un ejemplo como otro cualquiera, pero lo importante es que se convierta en un hábito y eso se consigue cuando SIEMPRE realizamos estas pautas, a la misma hora y en el mismo orden.

 

Fomentar la expresión de los miedos e inseguridades

 

2A partir de los 2-3 años de vida, los niños experimentan un cambio cognitivo importante. Es la capacidad de representación simbólica y debido a eso se les dispara la imaginación y la fantasía. Empiezan los juegos de representación de papeles (juegan a ser otra persona, pueden utilizar una caja como si fuera un coche…) pero también surgen los primeros miedos infantiles (oscuridad, monstruos, dormir solo…).

A veces a los niños les cuesta admitir que tienen miedo o no saben expresarlo con palabras y llaman a los padres a media noche o recién acostados con demandas varias (quiero agua, me hago pipí, quiero dormir contigo) que no tienen nada que ver con el miedo, pero no descartéis que esas llamadas sean fruto de inseguridades y temores.

Podemos hablar con nuestro hijo (en un momento en el que esté tranquilo y sin jugar, ni viendo la tele) y preguntarle si le da miedo algo. Es muy adecuado expresarle que nosotros también teníamos miedo cuando éramos pequeños y que nos tiene ahí para lo que necesite. Si el niño nos confiesa algún miedo concreto podremos desdramatizarlo a través del juego, los cuentos y los dibujos. Recordad que si el niño se siente protegido, aprende a relajarse y afronta sus temores, la ansiedad se reducirá.

 

Potenciar su autonomía

 

3Otro de los aspectos importantes para que nuestro hijo se sienta seguro es que note que puede resolver por sí mismo las dificultades de su vida cotidiana. La respuesta natural de las personas ante situaciones complicadas o temidas es la huida. En el momento en el que detectemos que nuestro hijo evita una situación o dificultad, le enseñaremos (con nuestra conducta como modelo) cómo resolverlo y le instaremos a que después lo ponga en práctica él sólo (subir a un columpio, atarse los cordones, comer solo, lavarse los dientes, vestirse…). Fomentando su autonomía potenciamos la confianza en sí mismo y aumenta su autoestima. Y poco a poco irá generalizando esa actitud de superación y afrontamiento al resto de áreas, incluso en las relacionadas con su actividad de sueño (despertares nocturnos, miedo a la oscuridad, pesadillas…)

 

Atender a sus llamadas

 

4Uno de los errores más frecuentes que cometen los padres ante las llamadas de sus hijos a media noche (si no son niños muy pequeños) es responder con enfado, ansiedad y mal humor (incluso a veces prueban a ignorarle “a ver si se calma solo”). Debéis saber que si el niño nos llama cuando tiene miedo es porque no ha aprendido las estrategias necesarias para relajarse por si mismo o para afrontar su miedo; él siente que nos necesita (somos las figuras de referencia y de apego) y debemos atenderle con cariño (aunque estemos rendidos…). Eso sí, evitaremos por encima de todo, que duerma con nosotros, irnos a dormir a su cama y encender la luz. Esto último es especialmente “peligroso” pues el niño asociará “luz” con “el final de su malestar”; y dicha asociación será difícil de romper una vez establecida.

¿Qué hacemos entonces si sale de la cama o nos llama por la noche? Podemos acompañarlo a su habitación (si ha salido de su cuarto) y calmarlo con cariño y afecto. Si tiene miedo lo consolamos (y le reforzamos cuando se calme). Una vez relajado nos retiramos diciéndole que estaremos cerca por si nos necesita (pero en nuestra habitación).

Cuando un niño se siente seguro y relajado será más difícil que vuelva a despertarse con ansiedad.

 

Para terminar os recomendamos unos breves consejos prácticos que os pueden resultar de utilidad:

  • Las cenas ligeras son mejor que las copiosas, para favorecer el proceso de digestión y el sueño.
  • Se recomienda que el niño no vea la televisión justo antes de ir a dormir, pues les excita y tampoco tenemos un control total sobre los contenidos que pueden salir.
  • Podemos colocar un vaso de agua cerca de la cama del niño para evitar que se tenga que levantar si tiene sed.
  • Los muñecos y las mantitas son unos complementos ideales que acompañan al pequeño en sus horas de soledad en su cama.
  • Hay que diferenciar entre pesadillas y terrores nocturnos. Las primeras son sueños que recordamos y por tanto podemos expresar su contenido. Si nuestro hijo ha tenido un terror nocturno no recordará el sueño pero experimentará un alto nivel de angustia y ansiedad.
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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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