Estaba en casa de unos amigos, el viernes por la noche, tomando un picoteo antes de acudir a un concierto. El ambiente era relajado y perfecto para evadirte tras una dura semana de trabajo. Yo me entretenía hablando con 2 amigas que han sido madres hace algo más de un año y me estaban comentando sus angustiosas experiencias con sus peques y cómo gestionar la ansiedad .

Una explicaba que había dejado al niño con su abuelo y que en el coche, de camino a la fiesta, había estado llorando mientras conducía. Se sentía culpable por dejar a su hijo mientras ella “se lo pasaba bien”.

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La otra comentaba que la primera noche que dejaba a su hijo durmiendo con sus abuelos porque se iba con su marido a cenar fuera y a disfrutar, había estado pensando TODO el  tiempo en la posibilidad de que si esa noche ambos morían, su hijo se quedaría sólo en el mundo y sería un desgraciado. Lo peor es que no pudo soportar la ansiedad y el malestar auto-provocado, por lo que  tuvo que volver rápidamente a por su hijo.

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Algo que me resultó curioso es que las dos me dijeron que alguna vez habían tenido que recurrir al “palo en el culo” después de una trastada de sus pequeños y que después se sentían tan culpables que una de ellas incluso le pedía perdón a su hijo cuando éste le increpaba: “Mamá mala”.

Este tipo de pensamientos anticipatorios y sentimientos de culpabilidad son habituales en madres primerizas, pero se pueden afrontar poniendo en práctica el PENSAMIENTO ALTERNATIVO. Vamos a ver cómo podemos hacerlo:

  1. EVITAR LA ANTICIPACIÓN

Cuando pienso que me va a pasar una desgracia y elaboro mentalmente una serie de consecuencias desastrosas de un hecho que ME ESTOY IMAGINANDO y que no tiene ninguna base real, estoy anticipando. Anticipar es característico del pensamiento neurótico y podemos aprender a identificarlo con unas sencillas argumentaciones:

¿Hay alguna evidencia objetiva de peligro REAL en esta situación?

¿Está mal que yo deje a mi hijo una noche en casa de sus abuelos? ¿Acaso le van a tratar mal o va a sufrir daño alguno? Recordad las mamis que nuestros padres, los actuales abuelos, tienen una amplia experiencia en crianza pues ya lo han hecho con nosotros antes.

¿Cuántas probabilidades hay de que mi marido y yo fallezcamos esta noche a la vez?

Como veis, buscar evidencias reales sobre el temor que estoy sintiendo puede servir para mitigarlo, y reducir así la ansiedad que me produce la anticipación.

 

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  1. EVITAR LA CULPA

Los padres de hoy en día llevan un ritmo de vida frenético. Entre el trabajo, llevar la casa y educar a sus hijos, parece que no tienen tiempo para a sí mismos. Y esto provoca que estemos cansados, de mal humor e incluso que la “paguemos” con nuestro pequeño cuando nuestros recursos se agotan.

Por este motivo es muy recomendable que nos dediquemos algunos momentos a nosotros mismos, a lo largo de la semana. Tener un hobby, ir al gimnasio, hacer footing, ir a cenar fuera… este tipo de actividades que realizamos por placer sirven para estar más relajados, para avivar la relación de pareja y para descansar un rato del rol de padre y madre.

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Pero para conseguir disfrutar sin sentirme culpable tengo que tener claras las siguientes ideas:

  • Tener y criar a un hijo no implica que tenga que estar pegada a él las 24 horas del día. El niño tiene que tener sus tiempos de soledad, de relacionarse con otras personas y de estar con nosotros. Porque cuanto más ricas sean sus interacciones sociales, antes aprenderá y podrá entrenar las habilidades sociales básicas, tan necesarias para desenvolverse en los distintos entornos sociales: la guardería, escuela, el parque, la casa del vecino… 

Por tanto, debería sentirme culpable si evito que mi hijo viva estas experiencias y no cuando le estoy brindando la oportunidad de que lo haga.

  1. DESDRAMATIZAR

No soy en absoluto defensora de la violencia (verbal ni física), pero en determinadas circunstancias, cuando los niños son muy pequeños y no entienden explicaciones del tipo “por qué no hay que meter los dedos en un enchufe”, puedo comprender que ante la gravedad y el peligro real que entraña para la vida de nuestro hijo este hecho, a alguna madre se le escape una azotaina. ¿Hay otros modos? Sí, pero ni todas las madres son psicólogas ni los niños vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo; así que para terminar os voy a describir la TÉCNICA DEL TIEMPO FUERA, que permite poner límites sin sentirnos “la peor madre del mundo” ni tener la necesidad de pedirle perdón después.

Esto es, sencillamente, preparar un rincón con una silla, en la que tendrá que permanecer unos minutos sentado (el tiempo va en función de la edad del niño) y no le prestaremos ningún tipo de atención mientras dure el castigo. Le enseñaremos que tras permanecer en “tiempo fuera” tendrá que pedirnos perdón (él a nosotros). Y por supuesto, cuando lo haga le recompensaremos con un fuerte abrazo y le animaremos a que nos prometa que no lo volverá a hacer.

Como imaginaréis, este tipo de herramientas, además de ser enseñarnos cómo gestionar la ansiedad ayudan a que nuestro hijo aprenda que ante conductas incorrectas hay una consecuencia negativa: nuestra retirada de atención (que no de afecto).

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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