Una paciente de cáncer en fase avanzada escribía a sus amigos “vivir con cáncer es como estar en una especie de montaña rusa emocional”. Enfrentarse a la situación de enfermedad es enfrentarse no solo a los síntomas físicos, al dolor, a las limitaciones y a los tratamientos…, también es enfrentarse a múltiples  emociones  y a los sentimientos en la enfermedad que esta situación desencadena.

Reflexiones insanas

Partiendo de la base de lo limitados que solemos estar a la hora de identificar y expresar nuestros sentimientos abiertamente, no es de extrañar que en una situación de la envergadura de una enfermedad grave este aspecto se convierta en uno de los puntos más importantes de abordar.

Poner en práctica nuevas conductas que transformen la vivencia de sufrimiento requiere que la persona sea capaz de identificar y expresar las emociones y los sentimientos en la enfermedad, así como que sea capaz de entender a que responden esas emociones.

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Lo importante de identificar y expresar lo que siento ante la enfermedad

Una de las primeras barreras puede ser el simple hecho de nombrar y reconocer los sentimientos. La otra gran dificultad es aceptar que lo que sentimos no es bueno ni malo simplemente es como somos en este momento, responde a nuestro aprendizaje y a nuestra personal forma de ser.

Aquí no es infrecuente que se atasquen sentimientos de rabia contra los médicos y el sistema de salud, y de profunda tristeza que se ocultan a los seres cercanos, sentimientos de soledad y desamparo ante el sufrimiento, depresiones con un profundo fondo de culpabilidad. Y un largo etcétera de emociones que la persona puede estar guardando por no sentirse con el permiso para expresar, o porque está convencido de que las personas que le rodean no le van a comprender, o se empeñan en darle consejos y no le escuchan.

Los sentimientos en la enfermedad  produce siempre, en algún que otro momento, sentimientos desagradables que son difíciles de comunicar, especialmente a los seres más queridos. Cuando guardo un sentimiento, o simulo estar más alegre, estoy de algún modo traicionándome y puede que complicando mis relaciones.

¿Qué son las emociones?, ¿para qué sirve lo que siento?

¿Qué me dificulta expresar lo que siento ?

Lo cierto es que suele ser normal que quien se encuentra en esta situación tenga dificultad para expresar los sentimientos en la enfermedad tales como la tristeza, la rabia, el temor, la desesperanza…Estas pueden ser algunas de las causas:

  • Temor a quedarme solo/a

Porque creo que mis familiares y amigos me darán la espalda si saben lo asustado, harto o enfermo que me siento a veces. Y entonces finjo ser siempre valiente y alegre, me sienta como me sienta.

  • Me siento culpable

Veo que las personas que me acompañan a su vez creen que la mejor manera de ayudarme es que me sienta valiente y alegre, en todo momento. Para ellos verme triste y con miedo puede hacerles sentirse mal, y cuando me lo notan siento remordimientos por hacerles cargar con el peso de mi sufrimiento.

  • Temor a parecer débil

A menudo nos han educado diciéndonos que hay que ser fuertes ante la adversidad, y no sabemos cómo expresar ciertos sentimientos que nos hacen parecer vulnerables. Es posible que mi marido, mi esposa, mis hijos o mis amigos casi nunca me hayan visto triste, nunca hayan sabido de mi debilidad.

  • Temor a explotar

A veces es tanta la rabia y el enfado que se puede acumular después de tantos sinsabores con hospitales, médicos, amigos, familiares desagradecidos o que no comprenden… Que basta con empezar a sacar rabia para perder el control y sacar todos los sentimientos hostiles de golpe.

Consecuencias de no expresar los sentimientos en la enfermedad

Las emociones están presentes, y cobran más fuerza si las oculto que si puedo desahogare y expresarlas. La tristeza crece si no puede salir.

De igual forma a veces puedo terminar distanciándome de las personas que me están apoyando. Preferir no estar con ellos, o hablar solo de temas superficiales para no sacar nada triste. Me esfuerzo tanto porque no me abandonen que al final me puedo sentir más solo/a, ya que ha desaparecido la intimidad con las personas más cercanas, justo cuando más las necesito.

Es posible que pueda cambiar mi estado de ánimo si puedo expresar que siento en ese momento. Cuando no me expreso me estoy negando la oportunidad de solucionar aquello que me preocupa. Y en todo caso el poder desahogarme ya es en si liberador; todos necesitamos apoyarnos en los demás en un momento determinado, especialmente durante la enfermedad.

A menudo mi familia puede sospechar que algo va mal porque me sienten triste, pero yo siempre contesto con una sonrisa y “no pasa nada, estoy bien”. Entonces pueden creer que algo terrible estoy ocultando y la preocupación va en aumento. En definitiva, la falta de claridad crea “fantasmas” y puede hacer de un dolor pasajero no expresado una montaña de miedos.

En definitiva, lo primero que tengo que aceptar es que no siempre tengo que sentirme valiente y alegre ante mi enfermedad. Lo segundo decir a tus familiares y amigos que no siempre tienen que sentirse valientes y alegres en todo momento que estén contigo.

Pienso, luego siento. Entre el pensamiento y las emociones

Seguro que lo entenderán y es posible que se sientan más aliviados.

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Marta Rodríguez Martínez
He trabajado en ámbitos sociales diferentes: jóvenes, mayores, discapacitados… sin embargo mi formación y preferencias siempre han ido encaminadas hacia el desarrollo de la psicoterapia donde me siento más satisfecha y realizada porque es lo que realmente más me gusta.
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