¿Nos ayuda los Gadget tecnológicos a ser más felices o nos complica la vida haciéndola más compleja?

 Realmente no tenemos estudios serios sobre el impacto de los Gadget tecnológicos en la mejora de la calidad de vida de las personas. Damos por supuesto que esto es así, pero no hay datos (serios) ni que apoyen ni que desmonten esta teoría.

 Así que, ante la falta  de resultados empíricos, voy a escribir sobre mi percepción en este aspecto.

 Tengo que reconocer que la tecnología, Internet, los Gadget y demás me encantan. Creo que son muchas las oportunidades que nos ofrece el hecho de llevar en el bolsillo un cacharro que nos permite consultar información, conectarnos con el mundo y contar lo que nos sucede.

Pero las dudas sobre los beneficios que indudablemente aportan estos aparatos (smartphone, tablets,…) viene cuando tengo la sensación de que, más que herramientas a mi disposición, son generadores de obligaciones. Eso ya no mola tanto.

Esta mañana, estando en la oficina, me he parado a mirar a mí alrededor y me ha dado un poco de miedo la escena.

Delante de mí, el ordenador de sobremesa que me acompaña desde hace años. Dado que el pobre está ya mayor y renquea,  y cómo tenía una reunión por Skype, al lado  estaba un pequeño Netbook que utilizo para las videoconferencias.

Por supuesto, también en la misma mesa, el teléfono móvil (desde hace dos meses compre uno Dual sim para llevar los dos números de teléfonos, el de empresa y el mío, y he conseguido deshacerme de un Gadget).

Y por último, una tablet de 7 pulgadas que manejo desde ayer para ver si la configuro un poco y puedo prescindir del Netbook.

Todo esto sin contar, altavoces, impresora, teléfono fijo y trituradora de papel.

A priori, todos estos Gadget son herramientas para trabajar mejor, para estar conectado, para ocio,…. pero hay una realidad oculta también:

  • ¿Cuántas horas dedico a la semana a cargar aparatos, actualizar versión del sistema operativo, evitar la entrada de virus, sincronizar todas las cuentas y, en resumen, a realizar el mantenimiento necesario?

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  •  ¿Y cuánto tiempo hace que no paso un fin de semana sin mirar el correo?
  •  ¿Y a cuántos amigos hay que felicitar ahora el cumpleaños? Parece feo no mandar al menos un Whatsapp cuando el calendario de Google, el de Facebook y el de Hotmail te han avisado que es la onomástica de Perico de los palotes que conociste una tarde de senderismo un Cuenca.
  •  Sin contar los disgustos porque no hay Wifi en este hotel (al que me he venido a desconectar), porque se me ha acabado el bono de datos de la tarifa móvil o porque la conexión va tan mal  que no me deja ni actualizar el time line de Twitter.

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Internet, los diversos Gadget, aplicaciones, redes sociales y todo lo relacionado con “la vida 2.0” están influyendo en quienes somos y como vivimos y, o bien somos capaces de aprender a manejar todas estas herramientas o nos van a acabar pasando factura.

 ¿Entonces soy tonto?

Bueno, un poco si, pero ese no es el tema. Hasta ahora he mirado al lado negativo, pero si sólo fuera así no tendría ningún dilema. A la basura toda la tecnología y fin de la cita.

Pero resulta que, gracias a las redes y aparatos que me rodean, puedo mantener contacto con amigos que viven lejos, aprendo y leo historias geniales todos los días,  puedo trabajar fuera de la oficina y compartir que me sucede con las personas que quiero.

Los blancos y negros son sencillos, pero en la vida real hay pocos blancos y pocos negros. Normalmente vivimos entre grises.

La tecnología no es buena ni mala.

Que nos convierta en esclavos o nos permita ser más felices es una cuestión propia, en la que cada uno de nosotros tenemos que decidir hasta dónde, cómo y de qué manera.

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Al fin y al cabo, seguramente es que aun estamos aprendiendo a convivir hiper-conectados, o en palabras de quien lo expresa mejor que yo:

¿Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida mas fácil, nos aporta tan poca felicidad? La repuesta es esta, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino.

Albert Einstein

Y tú, ¿Crees que la tecnología nos hace más felices?

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Psicólogo y coordinador de proyectos. Escribo sobre psicología aplicada a la vida cotidiana. Me apasiona cómo internet, redes sociales, y las nuevas formas de comunicación influyen en las personas y estoy convencido que de todo esto va a salir algo bueno

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