En el artículo de hoy quiero dar respuesta a una pregunta que os planteo: ¿la mujer es inferior al hombre?

Tengo que aclarar, que no sé muy bien en qué lugares o regiones de qué países concretos ocurre cada una de estas realidades que hoy quiero exponer. Sólo sé que, en efecto, EXISTEN. Que encima SE PERMITEN. Y además que las leyes, la religión, las costumbres y la sociedad, lo justifican. Amparándose en una tradición arraigada en lo más profundo de su cultura y en unas creencias que llevan milenios sin cuestionarse.

Así que retomando la pregunta central de este post ¿la mujer es inferior al hombre?, me respondo a mí misma con gran contundencia:

— Sí, la mujer es inferior —

Yo soy inferior. Y lo digo en serio. Lo que pasa es que como he nacido AQUÍ, no me entero mucho (la mayoría de las veces). Pero debo serlo (inferior) cuando, si yo misma: la misma carne, la misma cara, el mismo cerebro, si la misma YO hubiera nacido en OTRO LUGAR…

  • No podría conducir. Ni comprar una casa. Menos aún votar. O no podría haber estudiado una carrera universitaria sin el permiso de mi marido (¿me dejas, por fa?)
  • No podría sentir placer. Pues me habrían arrancado el clítoris de cuajo con una cuchilla de ésas que utilizábamos en dibujo técnico (hay que ver lo que cambia la percepción de un objeto en función del uso al que va destinado)

abla

  • Podrían cambiarme por 1 camello y 12 cabras; o venderme como si de una propiedad se tratara. A un marido que tendría derecho a pegarme. A un marido que podría incluso haberme comprado ¡por unas horas! y “devolverme” a mis padres, usada y con una boca más a la que alimentar 9 meses después.
  • Legalmente valdría la mitad que un hombre. Y si quisiera declarar contra un buen señor en un juicio, necesitaría el testimonio de otra mujer para que, entre las dos, conseguir que fuera TAN válido como el de ÉL, tan válido como el de una PERSONA. Como dice la canción: “mitad y mitad es suficiente…”
  • Me podrían violar. Eso sí, siempre podría limpiar mi honra si me desposara con mi violador. ¡Qué suerte la mía!
  • No podría enviudar. Bueno… quiero decir que si aun rezándole a Shiva, Brahmá y Visnú todas las noches, mis plegarias no fueran escuchadas y tuviera la desgracia de que mi esposo falleciera antes que yo, se abrirían ante mí tres apetecibles opciones de “vida”:

1) Casarme con el hermano menor de mi marido; siempre y cuando éste consintiera (of course)

2) Convertirme en paria social: ya no existo. NO SOY. No tengo derechos… ni siquiera sombra.

3) Lanzarme, de cabeza y sin frenos, a la pira funeraria donde yace mi amado esposo y abrazarme a su cadáver mientras me quemo viva. Creo que este rito, denominado “Sati” está prohibido actualmente por Ley. Pero ¿se aplica la Ley? Que se lo pregunten a las 40 millones de viudas hindúes que se han visto obligadas a “escoger”.

viuda

Ahora espero que entendáis mi afirmación como respuesta a la pregunta del principio. Las mujeres siguen siendo INFERIORES a los hombres en demasiados contextos y lugares. No porque en realidad lo sean, sino porque las normas que las privan de sus derechos y libertades por tener un par de «X» en lugar de un par de huevos, así las consideran; por tanto, las condenan a serlo.

Voy a parar. Voy a parar porque casi me siento culpable de sentirme afortunada por ser mujer; pero por ser mujer AQUÍ y AHORA. Y aunque puedo conducir, estudiar, divorciarme y votar, no puedo ignorar el hecho de que mis abuelas a mi edad no podían decir lo mismo.

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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