La idea de que el trabajo dignifica puede ser cierta… no seré yo la que ose decir lo contrario. Pero ¿quién no necesita unas vacaciones de vez en cuando? Yo la primera. Ahora bien, cuando fui madre descubrí que se me habían terminado de por vida, por lo menos en el amplio sentido de la palabra. Porque si el término “vacaciones” se suele asociar con “tranquilidad” y “relax”, cuando tienes hijos no encuentras ni lo uno ni lo otro. En días festivos, muchos de nosotros nos lanzamos a la calle en busca de parques y zonas de entretenimiento para los pekes, pero las inclemencias del tiempo (en las épocas más frías del año) y el gasto extra que ya llevamos encima (con los regalos, comilonas y demás) nos impiden salir de casa y eso nos obliga a exprimirnos el cerebro para que el aburrimiento de nuestros hijos no haga que nos acabemos tirando por la ventana (por no tirarlos a ellos… angelitos…)

Este post lo escribo unos días antes de que den comienzo las Navidades; en solidaridad con aquellos padres a los que se les ponen los pelos como escarpias al imaginar las laaaaaaaaaaaaaargas y frías jornadas navideñas que están por llegar. Así que, a continuación, os propongo una serie de actividades muy económicas y distintos juegos en familia con los que disfrutaréis de vuestros pequeños en casa, en lugar de sufrirlos… ¡vamos con ello!

 

1. El cine en casa:

Elegimos entre toda la familia una película o serie (recomendada para la edad de nuestros hijos), preparamos unas palomitas y apagamos las luces. Cuando termine el visionado, comentamos con ellos las partes más interesantes y les preguntamos acerca de si les ha gustado, qué piensan de tal o cual personaje… entre los preparativos, lo que dure la proyección y los comentarios de después, se va pasando la tarde y para los niños, el simple hecho de compartir actividades con sus padres (sobre todo los menores de 10-12 años) ya es toda una experiencia. Con esta actividad, no solo logramos que nuestros hijos se entretengan, sino que les invitamos a la reflexión, con lo que “ponemos a trabajar” su capacidad de razonamiento, la asociación de ideas y su memoria.

 

2. Juegos en familia:

Los juegos en familia (juegos de mesa, de cartas…) se presentan como una alternativa ideal para compartir el tiempo con nuestros hijos. Además podemos encontrar juegos para todas las edades. No es necesario contar con un espacio muy amplio (esa es su principal ventaja) y los hay de todos los precios en función del fabricante y de dónde se han adquirido. Fomentan habilidades como la comunicación (sinónimos y antónimos, intelect, la palabra prohibida…), la estrategia (parchís, dominó, ajedrez) y también la psicomotricidad (tragabolas, sombreros voladores…)

Es importante tener en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra nuestro hijo a la hora de elegir un determinado juego. En las distintas fases del desarrollo, el niño es capaz de hacer unas cosas pero otras todavía no. Los psicólogos llamamos hitos del desarrollo a los avances que se van logrando a lo largo de las primeras etapas de la vida de una persona. Por tanto, si no es capaz de leer, no le propondremos a nuestro hijo un juego en el que se requiera hacer uso de esta habilidad.

 

3. Invita a sus amigos:

Los niños tienen mucha energía y hay momentos en los que necesitan actividades de corte motriz. Si contamos con espacio suficiente en casa o con un patio amplio, podemos invitar a los amigos de nuestros hijos para que vengan a casa, y organizarles una tarde divertida con una yincana (preparar pistas que les lleven al tesoro escondido; que bien puede ser una bolsa de chuches, por ejemplo), una fiesta de pijamas o enseñarles los clásicos a los que jugábamos en el patio del colegio cuando teníamos su edad (el pañuelo, el escondite, el reloj…).

En los juegos en general y en los que son por equipos en particular, se aumenta la cohesión grupal y se ponen en práctica las habilidades sociales. Además, son especialmente útiles para reforzar la tolerancia a la frustración, ya que el niño aprende que a veces se gana y a veces se pierde (¡y no pasa nada!)

4. Haciendo manualidades juntos:

Con unas telas, botones y cintas. Con arcilla, cartulinas, pegamento y tijeras o con cualquier utensilio que se pueda recortar, coser y pegar, podemos confeccionar multitud de objetos. Aprovechando que estamos en las vacaciones de Navidad, en lugar de decorar el árbol con las típicas bolas y espumillón (comprados), les proponemos a nuestros hijos que este año la decoración navideña corre de nuestra cuenta. Incluso las figuritas del Belén, las botas y calcetines que dejamos a Papá Noel y a los Reyes Magos… cualquier motivo navideño puede resultar apto para la “fabricación casera”.

Si no disponemos de materiales para hacer manualidades muy elaboradas, tenemos a nuestro alcance otra opción bien sencilla y muy similar: los cuadernos de colorear (los hay de temática navideña). Se colorean primero las imágenes y luego se recortan y se cuelgan en el árbol o en las paredes de su habitación. Nuestros hijos podrán poner en práctica sus habilidades artísticas, mejorar la psicomotricidad fina y su atención sostenida. Estas actividades están especialmente indicadas para niños que presentan trastornos relacionados con el déficit de atención.

 

5. Nuestros dulces navideños:

La Navidad también se caracteriza por el turrón, los polvorones y mantecados de todo tipo. Son habituales las comidas familiares y las reuniones en las que éstos están presentes. Bien, pues al igual que con las manualidades, podemos proponer a nuestros hijos que hagan sus propios dulces navideños. Son sencillos de realizar, no requieren de mucha técnica y los pueden cocinar ellos mismos (bajo nuestra supervisión y ayuda), con variadas recetas que podemos encontrar fácilmente, hoy día, por internet.

El resultado es lo de menos, saldrán mejor o peor… pero ellos se lo pasarán de escándalo y seguro que les saben a gloria sólo por el hecho de haber intervenido en su elaboración.

Cocinar requiere de seguir una receta (paso a paso), atender a la temperatura, las mezclas y cantidades de ingredientes, estar pendiente del tiempo… todo ello requisitos similares a los procesos que intervienen en las tareas académicas (lectura, atención, concentración, paciencia y estudio). Lo que convierte una actividad lúdica como es ésta, en una tarea, a la par, educativa.

 

Como veis, disfrutar de las vacaciones en casa, con nuestros hijos, ya no resulta un imposible si le echamos imaginación y ganas. A través de los juegos en familia y actividades que hemos descrito, estrecharemos nuestros lazos y ellos aprenderán de la mejor manera posible: divirtiéndose.

 

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.