¿Qué factor facilita un mejor rendimiento académico, la capacidad intelectual o el esfuerzo? Os voy a comentar el caso de un alumno de 3º ESO, con un alto CI, al que atendí como orientadora:

Su padre acudió a mi despacho para decirme que a su hijo “M”, en primaria, le habían realizado un test de inteligencia y había resultado que tenía un CI por encima de 130. El padre de M consideraba que en el instituto se estaba “desperdiciando” el potencial de M y solicitaba para su hijo la medida del  enriquecimiento curricular. Este tipo de adaptaciones curriculares se realizan para ampliar contenidos de las asignaturas que más interesen al alumno. Se pueden crear proyectos de investigación, trabajos para presentarlos en clase… en definitiva, actividades sobre temas que sean interesantes y motivantes para aquellos alumnos de alto rendimiento (que no necesariamente de altas capacidades) que lo vayan a aprovechar.

Tras revisar sus informes de primaria me entrevisté con M y juntos sondeamos posibles temas en los que “le gustaría” profundizar; en principio decía que le interesaba la Música (pues tocaba la guitarra eléctrica) y la Historia.

Al hablar con sus profesores, todos coincidían en que M era un chico que no se esforzaba lo suficiente, que aprobaba «por los pelos», que ni siquiera traía los deberes hechos de casa,  y que con un poco más de esfuerzo por su parte sus notas podían ser mucho mejores. Me centré entonces en las asignaturas que me había comentado que le interesaban más, y les planteé a sus 2 profesores realizar algún tipo de proyecto con el chico. Ambos aceptaron (a regañadientes) a pesar de que me advirtieron de que probablemente sería una pérdida total de tiempo pues M no mostraba el más mínimo interés.

Tras unas semanas de preparación, elaboramos un programa para que M lo trabajara desde la radio del instituto. Al presentarle la idea, M se mostró interesado en participar (yo contenta y su padre más). Cuál fue mi sorpresa cuando, al cabo de unos 15 días, su profesor me comenta que M no había aparecido ni un solo día por la radio. Hablé entonces con el alumno y éste confesó que al que verdaderamente le interesaba ampliar contenidos era a su padre, que él no quería más trabajo, que quería tocar la guitarra y salir con sus amigos y que por favor hablara yo con su padre porque él no sabía ya como decírselo. Así lo hice; y a su padre le costó 2 entrevistas más entender que sus intereses y expectativas distaban mucho de los de su hijo, que prefería utilizar su inteligencia para fines menos académicos y más sociales (por lo menos, por el momento).

Como padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Si creemos que éstos tienen un alto potencial no podemos evitar trazar grandes planes para ellos. Eso NO ES UN ERROR. Lo erróneo es es excluir a nuestros hijos de dichos planes y no tener en cuenta su opinión o aceptación para llevarlos a cabo, pues en definitiva son ellos los que tienen que trabajar para conseguir los objetivos establecidos.

Cuando la motivación está fuera de mí, cuando hago algo sólo porque otra persona quiere que lo haga, mi esfuerzo nunca será tan grande como cuando me dirijo hacia mis propias METAS.

Si tienes un hijo en edad escolar ten presente lo siguiente:

  • Mi hijo se esforzará en función de lo que él quiere conseguir. Convencer a mi hijo para que estudie Medicina cuando él quiere ser diseñador gráfico es una pérdida de tiempo. Posiblemente tu hijo estudie el primer año (o varios) y lo termine dejando para matricularse en Diseño Gráfico. Se puede orientar, se debe aconsejar pero nunca coaccionar. Lo más probable es que si tu hijo estudia lo que él ha elegido (según SUS INTERESES), será mejor profesional en su trabajo y a la vez, más feliz.

S.O.S. Adolescencia a la vista (parte I)

  • No hay que obsesionarse con una cifra (el CI). Un cociente alto sólo indica que la persona tendrá más facilidad a la hora de asimilar conceptos y posiblemente aprenderá más rápido que una persona con un CI bajo, pero eso no asegura el éxito escolar. No se aprende “por ciencia infusa” sólo por tener más inteligencia. Hay que desarrollar hábitos de estudio adecuados y los contenidos de las asignaturas se deben procesar y asimilar, memorizar y comprender, y para ello no basta con ser inteligente. El esfuerzo no está reñido con la inteligencia. La inteligencia sólo me facilita el trabajo.

S.O.S. Adolescencia a la vista (parte II)

  • Si a tu hijo de 15 años no le gusta estudiar ¡ES NORMAL! (aunque tenga un alto CI)

S.O.S. Adolescencia a la vista (parte III)

La adolescencia es la edad del redescubrimiento de los iguales, de experimentar situaciones y de poner en práctica nuevas habilidades sociales (que también son muy valiosas en la vida). No queramos engañarnos creyendo que a esa edad los chicos se desviven por estar sentados frente a un libro porque no es así. No digo que a nuestro hijo haya que dejarle estar todo el tiempo con sus amigos y que no debamos inculcarle la cultura del esfuerzo, pero todo en su justa medida; y entendiendo que sus prioridades y las nuestras como padres están en polos opuestos durante la adolescencia.

Por tanto, hay que ACERCAR posiciones y encontrar el punto medio entre las 2 perspectivas. ¿Cómo? Aplicando esta “sencilla” receta:

HABLAR

ESCUCHAR

ESTABLECER LÍMITES CLAROS

NEGOCIAR

REFORZAR

MOSTRAR CARIÑO

Si te ha gustado quizás te interese Gestión del tiempo: lo importante no es siempre lo urgente, 7 PASOS para estudiar paso a paso, 5 consejos si has encontrado un empleo

The following two tabs change content below.

Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

Podemos Ayudarte

Se valiente y afronta tus problemas

You have Successfully Subscribed!