Volvemos a tener el lujo de contar con la colaboración de Luis Gonzalo, que ya publico el verano pasado el artículo  La psicología como herramienta del abogado.

Te dejo con su muy interesante reflexión.

Esclavo de mis opiniones

El divulgador Eduard Punset, ha afirmado que “la inteligencia solo se demuestra con la

capacidad para cambiar de opinión”. Esto es algo que lamentablemente, en nuestra sociedad resulta casi un pecado capital.

Vivimos apegados a nuestras creencias, a nuestras opiniones preconcebidas, sembradas con el paso del tiempo, y en muchas ocasiones, heredadas tras generaciones.

Y lo que es peor, la sociedad nos suele demandar que mantengamos nuestras posiciones contra viento y marea, de manera que se suele mirar con recelo y desconfianza a quien es capaz de cambiar su modo de parecer.

Nuestro país además, está especialmente bipolarizado en este sentido, de manera que los distintos tipos de opiniones se suelen presentar “en bloque”, y se puede realizar una radiografía completa sobre el conjunto completo de dogmas y creencias de una persona, tomando únicamente como referencia, alguna circunstancia baladí sobre su comportamiento, como:

  • qué medios de comunicación frecuenta,
  • qué música prefiere,
  • o cual es su opinión concreta sobre cualquier tema de actualidad, bien sea el aborto, los impuestos indirectos, la educación privada, el destino que habría que dar a los fondos públicos o la eutanasia …

No es de extrañar, por tanto, que cada vez más voces apunten a que el mal de nuestro tiempo es la esclavitud a nuestras propias opiniones, (o lo que es peor, a las opiniones que desde fuera nos han sido impuestas), y a los posicionamientos exacerbados e inmutables.

La Inteligencia de ser flexibles

lincoln photo Cuentan que en cierta ocasión, Abraham Lincoln, que ejerció como abogado antes de ser Presidente de los Estados Unidos, tuvo que defender en el mismo día y ante el mismo tribunal dos causas prácticamente idénticas, con la única salvedad de que en cada una de ellas debía asumir posiciones radicalmente opuestas.

Así, y tras haberse ganado el favor del Jurado con su encendida defensa de la primera causa,  procedió a afrontar la segunda, y durante el transcurso del Juicio, el Juez interpeló al Letrado, haciéndole ver que estaba utilizando el argumento exactamente contrario al que había empleado apenas unos momentos antes. La respuesta de Lincoln, no pudo ser más brillante: “es que en el Juicio anterior, señoría, seguramente estaba equivocado, pero ahora sé que tengo razón”.

La conclusión

Pocos abogados tienen la suerte de poder defender en sala las causas que realmente quieren defender porque son las que coinciden con sus propias convicciones, siendo lo más habitual que defendamos las causas que nos caen en suerte, o en desgracia

En este sentido, la experiencia me viene demostrando que la actitud más saludable es aceptar nuestro rol procesal, sea cual sea, con una media sonrisa, y nunca identificarnos a priori con ningún creencia, hasta el punto de excluir ciegamente cualquier opinión alternativa que pueda diferir de nuestros postulados, primero, porque incumpliríamos la primera regla de Sun Tzu, ”conoce a tu enemigo”, y segundo, porque tal vez al día siguiente, nos corresponda sentarnos en el lugar de enfrente.

En cualquier ámbito de la vida, liberarse de las ideas insufladas e impuestas, de bandos y creencias, de consignas incuestionables, y de normas absolutas, permitiéndose el derecho de cambiar de opinión, aun a riesgo de ser acusados de ser incoherentes por quien pretenda encasillarnos y etiquetarnos, resulta una de las experiencias más enriquecedoras y recomendables que se pueden poner en práctica para ganar en bienestar y felicidad.

Practiquemos la libertad de cambiar de opinión, sin culpabilizarnos y sin permitir que nos culpabilicen por ello; y llevemos a término, por nuestro propio bien y por el bien de las personas que nos rodean, la sugerencia que ya hiciera Antonio Machado: “¿tu verdad?, no la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

 

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Psicólogo y coordinador de proyectos. Escribo sobre psicología aplicada a la vida cotidiana. Me apasiona cómo internet, redes sociales, y las nuevas formas de comunicación influyen en las personas y estoy convencido que de todo esto va a salir algo bueno

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