Afrontar el diagnóstico de una enfermedad

Afrontar el diagnóstico de una enfermedad

Cuando disfrutamos de la salud nos parece normal que la tengamos. Cuando la perdemos, haberla tenido nos parece un privilegio. Enfermar supone perder determinados beneficios que las personas sanas es posible que ni se planteen. A nivel personal, familiar, social, laboral…, hay que renunciar a demasiadas cosas como para pensar que la única causa del sufrimiento es la física.

Ante tanta perdida uno a veces no comprende, solo siente. Siente desesperanza y muy a menudo ira y rabia. La perdida de la salud que conlleva serias renuncias a nivel personal, familiar, social, laboral…, tanto para el que la sufre como para los que están cerca.

 Indefensión Aprendida

Las emociones que trae la enfermedad no tienen por qué instalarse en ti. Estos sentimientos pueden ser tuyos, pero tienen una causa, un momento en el que empezaron a surgir. Cuando apareció la enfermedad. Si hay un camino para la aceptación pasa por ser capaz de expresarlos, sean los que sean.

La elaboración de la perdida supone atravesar una serie de etapas en función de los sentimientos que predominan en cada una de ellas. Calificarlo como proceso es de suma importancia, quiere decir que evoluciona, que no pasamos de un momento a otro de la noche a la mañana. Y lo que es aún más importante, no siempre tiene por qué parecer que hay avances; a veces hay retrocesos, recaídas y tiempos de espera donde parece que nada cambia.

 

ETAPAS

 1.CHOQUE Y NEGACIÓN

Esta es la primera etapa en el manejo de una crisis importante. Al recibir la noticia del diagnóstico la realidad da un vuelco tan grande que todo el organismo reacciona con una sacudida, una conmoción llena de sentimientos de incredulidad y rechazo.

 

La realidad parece un mal sueño del que tarde o tempranos vamos a despertar. Esta reacción inicial es lógica y normal. Ante una noticia tan impactante todo nuestro ser se protege hasta poder estar preparado para afrontarla.

 Los sentimientos en un proceso de duelo

2. ENOJO, IRA Y RESENTIMIENTO

La rabia también suele ser parte de nuestra respuesta a la enfermedad. Se podría decir que esta rabia tiene sus raíces en:

– La frustración: Por haber perdido el control de las cosas y la impotencia ante ello. Nada ni nadie nos devuelve nuestra vida anterior.

– El resentimiento: Nosotros estamos angustiados ante una expectativa de sufrimiento y nos molesta que los demás continúen con sus ocupaciones cotidianas, como si nada hubiera sucedido.

– Miedo: Por la incertidumbre que se produce en todos los ámbitos de la persona.

 Pienso luego siento. Entre el pensamiento y las emociones

 

3.NEGOCIACIÓN

La realidad se va imponiendo, pero estamos dispuestos a hacer lo que fuera para cambiarla. Modificar cualquier aspecto, ser mejor persona…, con tal de que se produzca un milagro y todo vuelva a ser como antes. Pensamos en una cura milagrosa, en hacer un pacto con Dios, con los médicos, lo que sea con tal de que ese diagnóstico cambie.

 

4.DEPRESIÓN Y DESAMPARO

En esta fase terminamos por rendirnos a la evidencia de que la enfermedad está ahí y no va a desaparecer. Irrumpen entonces sentimientos de desesperanza, desamparo, falta de interés y de ilusión por la vida, tristeza, decepción y soledad. Es una vivencia de impotencia, apatía y dejadez que resquebraja nuestra autoestima. También son frecuentes sentimientos de culpa, inutilidad y poca valía.

Este estado se refleja en una pérdida de interés por las actividades que antes nos resultaban agradables, se pierde la capacidad de sentir placer y nos alejándonos de nuestras personas cercanas replegándonos sobre nosotros. Hay personas que dejan de compararse ropa, o que ya no planean ningún viaje o salidas para dentro de un tiempo. En definitiva, podemos dejar de vivir mucho antes de que los síntomas nos obliguen a hacerlo.

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5.ACEPTACIÓN, RECONCILIACIÓN CON LA REALIDAD

Es prácticamente imposible estar preparado para encarar una enfermedad grave. Es una vivencia tan compleja y desconcertante que hace tambalear hasta las personalidades más fuertes. Pero de igual manera sí que es posible que conforme nos impliquemos en nuestro proceso de recuperación, y afrontemos los sentimientos que nos produce esta situación, podamos llegar a la aceptación de la nueva realidad.

El proceso de aceptar la enfermedad supone ir pasando por las distintas etapas con mayor o menor intensidad, e ir superando el reto que cada una plantea. No es una cuestión de magia o casualidad, sino de tiempo y constancia.

Aceptar la enfermedad supone reconocer que nuestra realidad ha cambiado; que tenemos que vivir un nuevo presente, el que en este momento tenemos. Y permitirnos a nosotros mismos tener una vida plena integrando la enfermedad.

La enfermedad no es nada positivo, pero quien logra adaptarse a ella introduce los cambios en su vida para usarla de forma positiva y conseguir una vida mejor. Una vida que no está detenida ni paralizada. Admitir que todavía tengo cosas por hacer señala el fin de este proceso de aceptación de la enfermedad.

Resilencia

Cómo gestionar las preocupaciones en tiempos de pandemia

Cómo gestionar las preocupaciones en tiempos de pandemia

Vivimos un tiempo que nunca creímos que fuésemos a vivir. Acostumbrados a nuestra sociedad del bienestar, esta crisis rompe nuestros planes, nuestra tranquilidad, nuestra seguridad…y nos sumerge en la incertidumbre, la preocupación y por tanto la ansiedad. Son muchos los pacientes que en estos días nos piden herramientas para sobrellevar la situación. Y aunque no existan recetas mágicas ante estas circunstancias, si se me ocurren algunos pequeños consejos que nos pueden ayudar en estos momentos tan difíciles.

Ocuparse

Winston Churchill trabajaba 18 horas al día durante la guerra. Cuando le preguntaron si no le preocupaban sus tremendas responsabilidades dijo: «Estoy demasiado ocupado. No tengo tiempo para preocuparme».

 Las actividades que necesitan planes y meditación eliminan los pensamientos preocupantes. «Ocuparse” elimina la ansiedad ¿Por qué? Porque es muy difícil pensar en más de una cosa a la vez. Sucesivamente sí, pero no simultáneamente o a la vez. Por tanto, el remedio para la preocupación es tener ocupado todo el tiempo en la realización de algo constructivo.

Cuando te pilles angustiándote, pregúntate a ti mismo: ¿De qué me estoy evadiendo al pensar solo en preocupaciones? El mejor antídoto para la preocupación es LA ACCIÓN.

“Preocupaciones: No te preocupes, ocúpate”

Confronta tus preocupaciones con argumentos sólidos y objetivos

Si una persona dedicara su tiempo a obtener los hechos de un modo imparcial y objetivo, sus preocupaciones serían menores. Sin embargo, todos nos lanzamos tras los hechos que refuerzan lo que ya pensamos y pasamos por alto todo lo demás, aunque sea más lógico. Sólo queremos los hechos que justifican nuestros actos y buscamos hechos que encajen con nuestro modo de pensar y con nuestros deseos para que sirvan de apoyo a nuestros juicios preconcebidos.

argumentos solidos

Cuando tengas alguna preocupación en la que te pilles a ti mismo dándole vueltas y vueltas sin conseguir nada. Hazte estas preguntas por escrito:

  1. ¿Qué es lo que me preocupa?…
  2. ¿Qué puedo hacer acerca del asunto?…
  3. ¿Qué voy a hacer en relación con el asunto?…
  4. ¿Cuándo voy a comenzar a hacerlo?…

Tengo problemas y no sé como resolverlos

Enfocate hacia el presente

Empieza a ver tus momentos presentes, tu «aquí y ahora” como un tiempo para vivir en vez de obsesionarte por el futuro. Averigua también si alguna de las cosas que te preocupaban en el pasado llegaron a suceder. Pronto te darás cuenta de que la preocupación es una actividad doblemente inútil. No hace nada por evitar el futuro. Date cuenta también que la posible catástrofe resulta a menudo muy inferior a lo esperado e incluso puede ser un hecho beneficioso cuando sucede.

Haz una lista de preocupaciones anotando todas las cosas que te preocupan ayer, la semana pasada e incluso el año pasado. Comprueba si tus preocupaciones te sirvieron de algo.

El cambio, ¿es una cuestión de pasado, de presente o de futuro?

Valora la situación de forma realista

Hazte a ti mismo esta pregunta eliminadora de preocupaciones: ¿Qué es lo peor que me puede pasar a mí (o a ellos) y qué posibilidades hay de que ocurran? Tenemos que preguntarnos: ¿Cuáles son las probabilidades de que este acontecimiento por el que me estoy preocupando ocurra alguna vez? Reconoce lo absurdo que resulta la preocupación. Pregúntate a ti mismo una y otra vez: ¿cambiaré algo por mi preocupación?

Centra tu atención en aspectos positivos

aspectos positivos

Empieza a abordar tus miedos con pensamientos y comportamientos productivos. Plántale cara positiva al miedo o la preocupación. Puede ser la mejor manera de hacerla desaparecer de tu vida.

Aproximadamente un 90% de las cosas de nuestras vidas están bien y un 10% mal. Si queremos ser felices, todo lo que debemos hacer es concentrarnos en el 90% que está bien y aceptar el 10% restante. Sin embargo, si queremos estar preocupados y amargados y acabar con úlceras de estómago, todo lo que debemos hacer es concentrarnos en el 10% que está mal y pasar por alto lo demás.

Como comentaba al inicio de este artículo, vivimos unos momentos difíciles donde no existen fórmulas mágicas. Sin embargo, si aprendemos a gestionar mejor estas emociones, reconociendo que son normales en todos, acordes a la situación vivida y permitiéndonos expresarlas de manera productiva y gestionado lo mejor que podamos esas preocupaciones, convertiremos esta crisis, en una experiencia enriquecedora para nuestro desarrollo interior, de ti depende como aprovecharla.

Tengo problemas y no sé como resolverlos

Tengo problemas y no sé como resolverlos

Como ya escribí en el artículo Eficacia Personal: cómo afrontar los problemas cotidianos , son los pequeños problemas cotidianos los que ocasionan un desgaste considerable, tanto en lo físico como en lo emocional.

Ya sabemos que el estrés afecta a nuestro sistema inmunológico y puede incrementar el riesgo de contraer infecciones y enfermedades.

Si respondemos a las situaciones estresantes que nos ocurren a diario quejándonos o descargando nuestras tensiones sobre las personas que nos rodean, podemos terminar por sentirnos aún peor.

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En cambio, si recurrimos a las personas que nos rodean para conseguir ayuda en la solución de un problema, es más probable que nuestro estado de ánimo se vuelva más positivo.

Primer paso: Hacer una buena valoración de la situación

El primer paso en la búsqueda de soluciones a los problemas es hacer una buena valoración racional o interpretación realista de la situación.

Las valoraciones son irracionales cuando no son realistas. Son propensas a causarnos experiencias negativas y tienden a expresarse en términos absolutos, de exigencia y buscando casi siempre la perfección.

Retrato de un perfeccionista

Aprendiendo a hacer valoraciones más razonables, podremos moderar algunas de nuestras emociones negativas y reducir el estrés.

Segundo paso: Cambiar los esquemas mentales

Lo segundo es aprender a cambiar los esquemas mentales, pero esto no es tarea fácil, especialmente cuando nos hemos acostumbrado a utilizarlos demasiado tiempo.

Pensamientos y Creencias: Trás mis pensamientos, están mis creencias

Suele ser necesario, para cambiarlos, tratar estos esquemas como enemigos que sólo serán derrotados con una perspectiva más realista de la vida. En este sentido, proponemos las siguientes estrategias:

Recordatorios: Los recordatorios son pequeñas frases o palabras que podemos tener a mano para evocar que no debemos caer en creencias irracionales.

tengo problemas

Interpretaciones alternativas: Las valoraciones irracionales a menudo nos causan interpretaciones erróneas de los acontecimientos diarios que nos suceden. Siempre es útil estar alerta ante nuestras propias percepciones, para así poder cuestionarlas, particularmente cuando nos enfrentamos a situaciones de estrés.

Reetiquetar: Esta es una acción que nos ayudaría a tener una perspectiva más satisfactoria porque nos haría adaptarnos mucho mejor ante ciertos acontecimientos en la vida y ante determinadas personas.

Reconocer los peores escenarios posibles: Cuando nos ocurre algo, todos tendemos, a veces, a ver estas circunstancias totalmente desproporcionadas y a vivirlas mucho peor de lo que en realidad son. Cuando esto nos suceda, es necesario contrastar y cuestionar la realidad preguntándonos “¿qué es lo peor que puede pasar?”.

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Aspecto clave a tener en cuenta: Actitud activa

Un tercer punto a tener en cuenta sobre la resolución de problemas es que, para que sea práctico y efectivo, requiere que tengamos una actitud activa y no pasiva. Los problemas no se resuelven contemplándolos sino activándolos, que es lo mismo que afrontarlos decididamente.

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Los pasos necesarios en la resolución de problemas son los siguientes:

  1. Percepción de uno mismo. El primer paso para resolver problemas positivamente es verse a uno mismo como una persona capaz de producir soluciones y para esto debes pensar que “parte de la vida implica afrontar problemas y sacrificios. No nos vale de nada alterarnos cuando tenemos dificultades, sino que es más positivo centrarnos en buscar herramientas apropiadas para solucionar esos problemas”.
  2. Definición del problema. Lo primero que hemos de hacer al enfrentarnos a una situación estresante es entender qué es lo que está sucediendo. Es preciso tomarnos un tiempo para pensar en el problema y hacer una lista de objetivos; en este, punto los demás nos pueden servir de ayuda, pues nos van a facilitar una visión objetiva del problema.tengo problemas
  3. Lista de opciones. Antes de establecer un plan de acción es necesario que contemplemos bien todas las alternativas que tenemos a nuestro alcance. Es bueno ser creativo en este punto, o sea, que cuantos más planes de acción tengamos para resolver el problema, mucho mejor. En este punto también pueden ayudarnos mucho las demás personas.
  4. Toma de decisiones. Llegados a este punto estamos listos para pasar a la acción, es decir, llevar a cabo lo que hemos elaborado en el punto anterior; pero es necesario que recordemos que en la mayoría de las situaciones no sólo existe un único plan correcto, sino que todas las respuestas que podamos dar a cualquier problema tienen ventajas y desventajas.
  5. Evaluación. Si el plan que hemos llevado a cabo resulta exitoso, fenomenal, pero si no, es necesario que examinemos qué es lo que ha pasado y que volvamos de nuevo a la carga, recordando que los creadores de soluciones somos siempre nosotros.

Para concluir: Afrontadores positivos y negativos

Concluyendo, podemos decir que los afrontadores positivos responden a los retos de la vida asumiendo la responsabilidad de encontrar solución a sus problemas. Su objetivo es evaluar la situación, conseguir asesoría y apoyo de otros, y generar un plan que funciones en pro de sus intereses.

Estilos de Afrontamiento

Los afrontadores no positivos responden a los retos de la vida con negación o evasión. Estas personas, o bien se desentienden de sus problemas, o reaccionan impulsivamente sin gastar tiempo o esfuerzo en encontrar la mejor solución.

Mecanismos de Defensa y Estilos de Afrontamiento

Pueden ser personas irritables o agresivas, depresivas o pasivas. Suelen así culpar a otros por sus problemas y no llegan a apreciar el valor que podría tener afrontar los desafíos que la vida les presenta con un sentido de oportunidad, apertura, dominio y control personal.

Vivimos en una sociedad donde las personas esperan respuestas fáciles a sus problemas, una pastilla, un arreglo rápido, una solución garantizada, aquello que no requiera mucho esfuerzo-. El afrontamiento positivo no resulta de descubrir una única respuesta, aplicable a todo y a toda prueba, sino de una actitud y una filosofía de vida.

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6 técnicas para gestionar mejor la ira

6 técnicas para gestionar mejor la ira

La rabia es una de las emociones humanas más complejas. El problema está en que, si bien es parte de la vida, también nos puede privar de conseguir lo que queremos.

Y ¿qué es lo que causa nuestra rabia?  la rabia se experimenta  hacia personas con las que hay cierta relación, por eso sus causas  tienen que ver con la frustración de deseos, necesidades personales, afirmación excesiva de autoridad, situaciones donde se dan el  rencor y el resentimiento, planear venganza, ajuste cuentas, querer “descargarse” y no poder, interrupción de planes concretos, insatisfacción de expectativas personales, así como deseos o acciones que vemos que lesionan nuestro orgullo y autoestima, ser objeto de deshonestidad o ruptura de promesas, abuso de autoridad, ser ignorado o maltratado por alguien significativo, ataque verbal o físico, sensación de ser víctima de una situación y no tener opción, etc; a veces, también nos puede causar rabia, pero en menor grado, actos socialmente inapropiados, injusticias, comportamientos ajenos que consideramos reprobables, etc. 

 Cómo controlar la ira

No es recomendable ocultar nuestra molestia por cosas que nos irritan.  Lo que tenemos que evaluar es si ciertas maneras de afrontar la rabia favorecen nuestros intereses. La rabia puede tener altos costes.  Entre los físicos podemos incluir el estrés fisiológico, la hipertensión y las molestias corporales que los acompañan. Los costos interpersonales pasan por sentimientos de desesperanza, desolación y aislamiento.

 6 Técnicas para gestionar mejor la ira

A continuación, voy a explicar algunas técnicas útiles para gestionar mejor la rabia:

Técnica 1: Comprueba la racionalidad de tus pensamientos al evaluar lo que te sucede”.

gestionar la ira

Una buena forma para comenzar a aprender cómo afrontar la rabia es analizando nuestras valoraciones al respecto. Cuando hacemos una valoración de un suceso frustrante, debemos decidir si es algo por lo que vale la pena molestarse. En este momento se hace importante que pensemos racionalmente. Si pensamos que las cosas siempre deben ir como nosotros esperamos, que los demás siempre deben tratarnos inmejorable y amablemente, y que nosotros nunca tenemos por qué pasar una frustración o un mal rato, entonces ciertamente que pasaremos bastantes momentos en que nos asaltará la rabia.

 Frustración, una reacción emocional más

Técnica 2: “Aprende a ser creativo emocionalmente”.

Ante sentimientos confusos, es muy positivo que hagamos un stop, que nos tomemos unos minutos para encontrar respuestas positivas. Es importante que, en estos momentos, en vez de permitir que nuestras emociones nos controlen, seamos creativos para producir experiencias positivas. Cuando estemos molestos, consideremos los siguientes pasos:

  1. Reconozcamos y aceptemos el hecho de que estamos molestos.
  2. Decidamos qué hacer al respecto. Lo importante es que nos demos cuenta de que tenemos varias alternativas a nuestro alcance para decidir la manera más apropiada cuando sintamos rabia.

 

Técnica 3: “Practica la relajación y el control en situaciones de frustración que te crean rabia”

La relajación es una técnica muy beneficiosa para utilizar en situaciones de rabia. Hay algo de verdad en aquel consejo de contar hasta 10 antes de responder. Ese tiempo simbólico nos sirve para decidir qué acción tomar más apropiada para resolver el problema. A través de la relajación, con respiraciones profundas y relajación muscular, podemos llegar a sentirnos en las mejores condiciones para sopesar diferentes opciones y tomar decisiones. También podemos usar la relajación para adelantarnos a una situación que sabemos que nos irritará. Nos podemos sensibilizar ensayando respuestas para el momento en que ocurra la situación; cuando sientas “hervir tu sangre”, califica tu rabia en una escala del 0 al 100 y relájate hasta que se reduzca a un nivel de 30 o menos.

 

Técnica 4: “Distinguir y examinar las dos etapas de la descarga”

gestionar la ira

Cuando la rabia realmente se apodera de nosotros, puede ser de mucha utilidad descargarla a través de actividades físicas o creativas. Al “sacar “la rabia, nos reponemos y logramos un estado más relajado para visualizar el problema y pensar en soluciones.

La técnica de descargar tiene dos etapas: una primera fase, que consiste en limpiarnos de las tensiones y molestias que nos afectan, incluso físicamente, y la segunda que tiene que ver con el trabajo de la situación en sí, es decir examinar qué es lo que realmente está pasando y qué es lo que me está provocando esta situación de rabia. Con tan sólo descargar no se elimina la fuente de frustración y molestia, sino que se encuentra más autocontrol para combatirla.

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Técnica 5: “Practica la Asertividad”

A veces puede ser importante expresar la rabia, y en otras ocasiones, hay que evaluar si eso nos favorece o lo hace más difícil. Ya que reaccionar con rabia no suele ser la mejor estrategia, podríamos preguntarnos qué otras formas tenemos como respuesta.

Asertividad: ¿qué es? y ¿cómo se trabaja?

Asertividad significa mantener una posición basada en el reconocimiento de los derechos propios, expresar nuestra forma de pensar y sentir de manera directa, honesta y apropiada. Cuando somos asertivos, demostramos respeto por nosotros mismos y por quienes nos rodean. Por una parte, no es pasividad ni permite que otros se aprovechen de nosotros, y por otra, se reconocen las necesidades de los otros y se intenta relacionarse con ellos de manera provechosa.

Técnica 6. “Valorar el poder del perdón”.

Una lección valiosa que la vida nos enseña es la de aprender a perdonar. Cuando perdonamos a alguien que nos ha tratado injustamente, no quiere decir que le absolvemos de su responsabilidad. Cuando se perdona uno mismo se libera de la amargura y de la rabia. El rencor y el resentimiento, por el contrario, nos mantienen aferrados a la rabia y a la amargura. El perdonar aumenta en nosotros en el poder del control en situaciones desagradables. El más fuerte es quien sabe cuándo no hay que pelear.

Perdonar: 5 ideas generales

La adicción al amor

La adicción al amor

La persona adicta al amor mide su valía en función de si cuenta o no con el amor de otra persona. La creencia contraproducente que mantiene de la idea del amor, le lleva a creer que sólo puede ser feliz y desarrollarse plenamente como persona si alguien le ama, y que lo peor que podría ocurrirle es estar sola.

Se trata de un tipo de persona dependiente que, en lugar de responsabilizarse de sí misma y de sus emociones, pretende cargar este peso sobre otra persona.

Deja su realización personal en manos de otro individuo. Su idea del amor es, en realidad, muy pobre. El amor es para ella una necesidad y no una opción.

Al no aceptar que la felicidad depende de sí misma y no de lo que otra persona esté dispuesta a hacer por ella, se convierte en un blanco fácil para la depresión. Puesto que su único vínculo con la cara amable de la vida, su único foco de satisfacción es el amor, cuando no consigue sus metas o sufre alguna desilusión en este ámbito queda desamparada, sin argumentos válidos que le den sentido a su vida.

7 palabras sobre el amor

La búsqueda desesperada del amor

Este tipo de persona suele ser víctima de su propia baja autoestima y de una idea demasiado idealizada del amor, la familia y otras instituciones sociales.

El fantasma de la soledad le aterroriza. Es en extremo enamoradiza y parece que en cada fracaso amoroso vaya a perder la vida.

Sin embargo, no siempre su amor al amor le asegura una relación amorosa estable y satisfactoria. Aunque, aparentemente, es todo amor, suele provocar más rechazo que unión.

5 mentiras sobre el amor

dependencia amorEs bastante corriente que algunas personas se sientan, al inicio de la relación, atraídos por la dependencia de la pareja que han elegido.

No lo interpretan como un signo de debilidad o inmadurez sino como un rasgo deseable.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, la dependencia acaba siendo una pesada carga para la pareja.

Lo que era una virtud se convierte en un defecto a veces insoportable.

En algunos casos, la relación también acaba siendo frustrante para el/la dependiente porque esperaba recuperar su autoestima mediante la unión sentimental, y esto es algo que su pareja no puede proporcionarle.

Independencia y atracción

En cambio, las personas más independientes y menos dispuestas a ligarse emocionalmente son las que despiertan mayor interés y deseo. Esto puede parecer paradójico, pero no lo es en absoluto. Es una consecuencia lógica.

Mientras que la persona adicta al amor no se interesa verdaderamente por casi nada más que no sea el amor, la persona independiente se ocupa en intereses y actividades distintas, lo cual la enriquece como persona y le proporciona diversos temas de comunicación e intercambio con su pareja.amor dependencia

Por una parte, la persona adicta al amor tiende a imponer un tipo de relación cerrada, absorbente y de plena dedicación mutua, que puede acabar agobiando y aburriendo a su cónyuge.

En cambio, la persona independiente mantiene lazos con otras personas fuera del ámbito del hogar, lo cual le hace sentirse, a nivel individual, satisfecha de cómo se desarrolla su vida y, a nivel de pareja, se enriquecen con el intercambio continuo de información, estímulos y experiencias que mantienen con otra gente conjunta o individualmente.

La dependencia emocional

Los problemas para alcanzar una relación estable

El rechazo del que hablábamos también se manifiesta entre las personas adictas al amor, que todavía no han formado una pareja estable.

Generalmente, tienen problemas para retener a otra persona a su lado, incluso para que alguien se interese por ellas, porque de alguna manera transmiten su extrema inestabilidad. La imagen que dan es justamente la contraria a la que hipotéticamente propicia los juegos del amor y la seducción.

La necesidad de aprobación