Es muy probable que cada uno de nosotros conozcamos a alguien que afirma tener ansiedad, e incluso pude ser, que algunos de los que estáis leyendo este artículo, la hayáis experimentado en alguna ocasión.

Si tuviéramos que definir la ansiedad es posible que utilizáramos los siguientes síntomas: taquicardia, sensación de ahogo, tensión en hombros y cuellodolor de cabeza, mareo, entre otras.

Nuestro cuerpo nos habla mandándonos señales.

La ansiedad, como reacción de alerta del propio cuerpo ante algo que se percibe y se interpreta como una amenaza, intenta protegernos, pudiendo ser experimentada con diferentes grados de intensidad, duración y frecuencia.

  • La reacción de ansiedad provoca una serie de efectos en nuestro cuerpo tales como aumento de la tasa cardíaca, sensación de falta de aire, tensión muscular, mareos, náuseas e hiperventilación, que hacen que la persona identifique y defina la ansiedad únicamente en función de dicha sintomatología física.
  • Estos síntomas tienen el claro objetivo de ayudar y preparar a la persona para tres tipos de respuesta, la huida, el ataque o el bloqueo.

Estas reacciones físicas son primitivas, recordar cuando en la prehistoria el hombre vivía en cuevas, organizados en grupos que permitían la asunción de diferentes responsabilidades que permitían la protección de todos. Se habían de enfrentar a peligros que exigían que vivieran en comunidad, donde unos se encargaban de la vigilancia, otros de la caza, otros del cuidado de los más pequeños.

 

 

Hoy en día no nos enfrentamos a los mismos peligros de aquellas épocas pasadas, pero nuestro sistema de protección o de defensa es primitivo. Cuando el hombre pasaba por situaciones generadoras de ansiedad, como el ser atacados por animales salvajes, su cuerpo experimentaba cambios que le permitían atacar o huir para protegerse, e incluso mantenerse inmóvil para no ser descubierto

Por ejemplo: si valoraba la opción de salir corriendo, necesitaba que sus músculos tuvieran mucha energía lo cual se consigue llevando más cantidad de oxígeno a los mismos, mediante un aumento de la tasa cardíaca. Llevar más cantidad de sangre a los músculos, nos va a suponer tener una respiración acelerada que agilice ese proceso, y por consiguiente presentar tensión muscular que nos prepare para la carrera.

Toda esta preparación que experimenta el cuerpo ha sido provocada por pensamientos y emociones que ha generado la vivencia de ser atacados por un animal salvaje. Hasta ahí todo encaja, la ansiedad me está avisando de que algo no va bien y me prepara, por lo tanto, me protege.

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Imaginemos que no tenemos ansiedad

Por ejemplo: salimos a la calle y al intentar cruzar al otro lado vemos a lo lejos como un coche se acerca a gran velocidad. Estamos en medio de la calle, por lo que es más que probable que nuestro cuerpo experimente síntomas parecidos a los del ejemplo anterior, que nos preparen para salir corriendo. Si no tuviéramos ansiedad, no hubiéramos interpretado la situación como amenazante poniéndonos en peligro.

No nos tenemos que enfrentar a los mismos peligros que en épocas anteriores pero nuestros sistemas primitivos continúan activándose. El problema radica en la duración, intensidad y frecuencia de los estados de ansiedad, que puede llegar a generalizarse a áreas importantes de las persona provocando un malestar significativo.

La ansiedad no es solo física, sino también psíquica, siendo adecuada la identificación de los pensamientos y emociones que han generado la situación vivida, y que han hecho que la interpretemos como una amenaza o un peligro.

 

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Psicólogo y coordinador de proyectos. Escribo sobre psicología aplicada a la vida cotidiana. Me apasiona cómo internet, redes sociales, y las nuevas formas de comunicación influyen en las personas y estoy convencido que de todo esto va a salir algo bueno

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