La ansiedad, como hemos especificado en numerosos artículos, no es buena ni mala (o es las dos cosas, según cómo la gestionamos).

Si no tuviéramos un nivel mínimo de ansiedad, tampoco tendríamos esa chispa necesaria para encender la mecha de nuestro organismo y poder levantarnos de la cama, ducharnos, desayunar y salir de casa.

El problema empieza a serlo cuando esa mecha se mantiene constantemente encendida y dispara los mecanismos de alarma de nuestro cuerpo (aumento del ritmo cardíaco, dificultades para conciliar el sueño, nerviosismo, respiración acelerada…), con lo que notamos una activación constante que nos acompaña en nuestras rutinas diarias.

Actividades como permanecer en la sala de espera del médico, estar parado en un paso de peatones hasta que el semáforo cambia a verde o centrarse en una sola tarea, se vuelven desagradables, para las personas que padecen trastorno de ansiedad generalizada, pues se experimentan con gran malestar.

A continuación vamos a ver 5 sencillas maneras de gestionar esa ansiedad generalizada y rebajar la preocupación que nos produce:

DIRIGE TUS PENSAMIENTOS

Muchas personas tienen una idea errónea sobre la capacidad de control de su pensamiento. Y debéis saber que el pensamiento es algo totalmente voluntario. Yo pienso lo que quiero y ante los pensamientos automáticos negativos (que todos tenemos en algún momento) tengo herramientas que puedo emplear. Los pensamientos automáticos no están validados con la realidad; pero en el momento en el que los detecto, tengo el “poder” de confrontarlos y sustituirlos por otros de un nivel más profundo de elaboración.

PERMANECE EN EL AQUÍ Y AHORA

La sensación de impaciencia se produce cuando deseamos que los acontecimientos de un futuro cercano ocurran ya (o no lleguen nunca…). Si nos posicionamos en ese momento futuro y olvidamos el presente en el que nos encontramos realmente,  estamos destinados a “sufrir el doble”. Porque todo el tiempo que queda hasta que el hecho deseado o temido se produzca lo invertimos en anticipar determinadas consecuencias, que desconocemos a día de hoy. Y esos pensamientos, que suelen materializarse en los dichosos “Y si…” , aumentan mi ansiedad innecesariamente. Por ejemplo, cuando haces un examen, el tiempo transcurrido hasta que te dicen la nota puedes pasarlo realizando actividades que te gustan o pensando en que vas a suspender; TÚ ELIGES.

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PREOCÚPATE SÓLO DE LO QUE PUEDES CONTROLAR

¿Cuántas cosas a las que tememos escapan de nuestro control? Pues la mayoría. Un diagnóstico médico, la decisión de que me contraten en un empleo, que a alguien no le caiga bien… Una cosa es comer sano para evitar enfermedades, prepararme una entrevista de trabajo para que mis posibilidades de contratación aumenten o ser una persona agradable para facilitar que a los demás les resulte simpático. Pero todas estas “precauciones” no nos aseguran el éxito al 100%.

El componente azar no depende de mí, por lo que resulta una gran pérdida de tiempo gastar mis energías en los aspectos aleatorios de la vida.

GESTIONA TU TIEMPO

Las personas que encajan en el diagnóstico de ansiedad generalizada refieren que “viven deprisa”. La sensación que tienen es de una prisa constante que les impide disfrutar de las actividades cotidianas. La consecuencia directa de esa prisa disfuncional es la incapacidad en centrarse en una única tarea, pues cuando lo intentan su mente se dirige a todas las demás actividades que no están haciendo o que «se DEBERÍAN estar realizando». Pero ¿qué es lo importante? ¿y lo urgente? ¿qué puedo demorar para más tarde o para mañana? Estas sencillas preguntas ayudan a priorizar tareas y a posponer para DESPUÉS lo que realmente NO es para «YA MISMO».

RELAJA TU MENTE

Céntrate en una imagen de algún lugar en el que hayas estado hace poco. Por ejemplo, puedes pensar en un día de playa.

Imagina cada detalle: el tacto de la arena entre tus manos, su calor, textura… ¿a qué huele el aire? Piensa en el agua del mar tocando tus pies cuando viene una pequeña ola a la orilla donde te encuentras… Así puedes ir repasando mentalmente la ropa que llevas, los colores, la gente que hay cerca, las nubes del cielo y lo que hay escrito en el bote de crema solar.

Detenerse en los detalles de un recuerdo ayuda a que dejes de prestar atención a aquellos pensamientos intrusivos que te generan ansiedad o preocupación. Es una manera de abstraerte y, por tanto de rebajar los niveles de estrés.

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Todas estas técnicas se encuadran en la terapia cognitivo conductual. Mucha gente que padece ansiedad generalizada «tira» de ansiolíticos para sentirse mejor. Pero aunque al principio puedan ser efectivos, pensad que sólo cuando la persona se enfrenta activamente a sus problemas, empieza a ser capaz de superarlos. La química ayuda, pero la capacidad de aprender a gestionar la ansiedad generalizada está en tu mano, no en una píldora.

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Sira Sánchez

Psicóloga. Mi campo laboral se ha centrado en la orientación educativa, en la enseñanza pública desarrollando funciones de jefatura del Departamento de Orientación. Actualmente dirijo el área educativa y de orientación en WebPsicólogos.

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